Parker, I. (2009) ‘Psicología crítica: ¿Qué es y qué no es?’ [‘Critical psychology: What
it is and what it is not’], Revista
Venezolana de Psicología Clínica Comunitaria, 8, pp. 139-159. [Caracas:
Universidad Católica Andrés Bello, ISSN: 1316-886X] [SPANISH]
PSICOLOGÍA CRÍTICA:
¿QUÉ ES Y QUÉ NO ES?
Ian Parker1
Resumen
La psicología crítica nos alerta sobre las limitaciones de la investigación
mainstream en la disciplina y promete
colocar los temas ‘sociales’ en la agenda de toda la psicología. Un punto de partida
de la psicología crítica es que los alegatos hechos sobre los seres humanos
suelen desaparecer tan rápido como son descubiertos. Las personas, grupos o
culturas no se comportan o piensan como el modelo lo predice y, aún más
importante, encontramos que nuestra consciencia, nuestra reflexión sobre el
proceso, cambia ese proceso. El cambio está en la naturaleza del ser humano,
cambiar en la medida en que distintos recursos lingüísticos, prácticas sociales
y representaciones del sí-mismo aparecen. Asimismo que la naturaleza humana se
cambia a sí misma en la medida en que las personas piensan sobre quiénes son y
quiénes pueden llegar a ser. Así que cualquier intento de fijarnos en un solo
sitio está destinado a fracasar. Pero sólo fracasará de un modo que nos permita
algo productivo si hacemos algo distinto y un lugar para hacerlo de manera
distinta es en la psicología. Necesitamos tomar distancia y ver las imágenes
del sí-mismo, de la mente y la conducta que los psicólogos han producido, el
tipo de prácticas con que se comprometen y el poder que esas prácticas, que
esas ‘tecnologías del sí-mismo’ tienen para fijar límites al cambio. Cuando
apreciamos esto podemos comenzar a ver las opciones que tienen los psicólogos
desde una aproximación verdaderamente crítica.
Palabras claves: psicología crítica
Abstract
Critical psychology alerts us to the limitations of mainstream research
in the discipline, and it promises to put ‘social’ issues on
the agenda in the whole of psychology. A starting point of the stance of
critical psychological research is that the claims that psychologists make
about human beings often seem to vanish almost as quickly as they are
discovered. People, a group or culture do not behave or think like the model
would predict, and, more importantly, we find that our awareness, our
reflection on a process described by a psychologist changes that
process. It is in the nature of human nature to change, to change as different
linguistic resources, social practices, and representations of the self become
available, and for human nature to change itself as people reflect on who they
are and who they may become. That means that any attempt to fix us in place
must fail. But it will only fail in such a way that something productive
emerges from it if we do something different, and one place to do something
different is in psychology. We need to step back and look at the images of the
self, mind and behaviour that psychologists have produced, the types of
practices they engage in, and the power those practices, those ‘technologies of the self ’ have to set limits on
change. When we appreciate this, we can start to look at what psychologists
might do instead as part of a genuinely critical approach.
Key words: critical
psychology
Elementos de Psicología Crítica
En este
artículo estableceré qué debería ser la psicología crítica y la manera en que
coloca a lo ‘social’ en el resto de la psicología, antes de regresar a algunas
de las acusaciones hechas contra ella por psicólogos de las corrientes
dominantes (para una elaboración más completa del desarrollo de estos elementos
ver, Parker, 1999).
En primer
lugar, la psicología crítica devuelve la mirada del psicólogo sobre la
disciplina. Los psicólogos normalmente estudian a las personas fuera del ámbito
de la psicología que tratan como los no-psicólogos. Ahora estudiamos a los
psicólogos. Nos preguntamos, por ejemplo cómo la psicología evolucionista
confirma las diferencias entre los hombres y las mujeres y los hace ver como
biológicamente inmodificables; cómo la psicología psicoanalítica patologiza a
las lesbianas y a los hombres gay en nombre de los estadios normales de
desarrollo; cómo la evaluación de la inteligencia refuerza la idea de
diferencias esenciales subyacentes entre distintos grupos étnicos y cómo el
estudio de las organizaciones para hacerlas funcionar de manera más fluida
también les facilita las herramientas para aplastar cualquier disenso (ver por
ejemplo: Burman, 2008; Kamin, 1974; Richards, 1996). Estos errores y crímenes
pasados de la psicología a menudo parecen como simples eventos históricos para
los psicólogos contemporáneos, pero la práctica cotidiana de la psicología
terapéutica, organizacional y de recursos humanos a menudo sigue estando
influenciadas por esas ideas. Las críticas de esos crímenes y errores en la
psicología entonces son parte de la discusión que estamos intentando avivar
dentro de la disciplina como parte del aporte de la psicología crítica (Parker,
2007; Sloan, 2000; Walkerdine, 2002). Podemos resumir todo esto diciendo que la
‘psicología crítica es el examen sistemático de cómo algunas variedades de la
acción y experiencia psicológica son privilegiadas en contraposición a otras y
cómo los discursos dominantes de la “psicología” operan de manera ideológica al
servicio del poder. En segundo lugar, los psicólogos críticos a menudo asumimos
que donde hay poder, hay resistencia y que en cada práctica dominante hay
contradicciones y espacios para trabajar
para retar y cambiar el estado actual de las cosas. La psicología dominante es
incoherente y las perspectivas rivalizan entre sí para suplantar a sus
competidores; y a su vez, defensores de distintos paradigmas metodológicos
discuten con acritud los procedimientos
adoptados por colegas que bien pueden estar trabajando en el mismo
departamento. Esa incoherencia es una de nuestras fortalezas. Por ejemplo, una
prueba psicológica que es utilizada para estigmatizar niños que fallan en su
ejecución también puede ser utilizada para rescatar a un niño de una escuela
‘especial’. La atención a la estructura de la familia nuclear y su estudio de
las fuerzas sistémicas que contribuyen a la aparición del malestar del
‘paciente identificado’ también puede servir de apoyo en contra de los
diagnósticos biológicos. Las imágenes humanistas de la persona que a menudo
individualizan las explicaciones también pueden ser utilizadas para retar los
estudios experimentales. Sin embargo, mientras buscamos resistencia en estas
ideas, realmente no creemos profundamente en ninguna de ellas. Lo que importa en
esta actividad dialéctica es buscar las tácticas políticas, no las verdades
subyacentes (ver por ejemplo: Billington, 2000; Goodley y Lawthom, 2004; House,
2002). Así, la ‘psicología crítica es el estudio de las maneras en que todas
las variedades de la psicología son construidas cultural e históricamente y
como las variedades alternativas de la psicología pueden confirmar o resistirse
a las presunciones ideológicas en los modelos dominantes.
En tercer
lugar, la psicología no opera sólo en las universidades y en las clínicas. No
es sólo el cuerpo de hombres y mujeres armados con instrumentos para evaluar e
intervenir en los centros de formación y los hospitales. Necesitamos ir más
allá de la psicología académica y profesional y dedicarnos a estudiar la manera
en que a psicología ha reclutado a miles de académicos y profesionales que
utilizan sus ideas y recurren a sus teorías para apoyar sus propios programas
de normalización y patologización. El problema aquí no tiene sólo que ver con
las imágenes particulares de ser humanos que son mostradas por los medios de
comunicación (en que las conductas desadaptativas son explicadas con referencia
a los factores neurológicos, por ejemplo) sino también la invitación a las
personas a creer que la fuente de los problemas está escondida dentro de ellos
mismos y que ellos mismos serán liberadas al hablar con otras personas (como
sucede en los programas de radio y televisión que exigen a las personas
confesar sus problemas emocionales y profesar querer cambiar para ser mejor
personas). Y, por ende necesitamos estudiar la manera en que la psicología
recluta a todo tipo de personas que leen y creen en sus teorías de las
diferencias individuales y de la conducta feliz y saludable. Esta investigación
crítica se dedicaría a estudiar la manera en que todos somos reclutados por la
cultura psicológica (ver por ejemplo: Blackman y Walkerdine, 2001; Gordo López
& Cleminson, 2004; Rose, 1996). En resumen,
‘la psicología crítica es el estudio de las modalidades de vigilancia y
auto-regulación en la vida cotidiana y las maneras en que la cultura
psicológica opera más allá de los límites de la práctica académica y
profesional’.
En cuarto
lugar, la disciplina de la psicología pretende ser una ciencia, pero para
construir su objeto, toma sus imágenes de lo que es un ser humano de la cultura
y de la vida cotidiana. Parte de la de-construcción de la psicología es el
estudio de las maneras en que la ideología en la sociedad provee las
‘condiciones de posibilidad’ para que la psicología exista. Las teorías de la psicología no salen de la
nada. No caen del cielo. Y podemos utilizar la amplia variedad de teorías
acerca de nuestras distintas psicologías para interrumpir y desmontar las
historias dominantes contadas por los académicos y los psicólogos
profesionales, ya sean estas clínicas, educativas, forenses u organizacionales
(ver por ejemplo: Hansen, McHoul y Rapley, 2003; Hook, 2007; Parker, Georgaca,
Harper, McLaughlin y Stowell-Smith, 1995). Esto significa que la ‘psicología
crítica es la exploración de la manera en que la psicología del día a día, la
“psicología cotidiana”, estructura el trabajo académico y profesional de la
psicología y cómo las actividades diarias pueden proveer la base para resistir
a las prácticas disciplinarias contemporáneas’. La psicología crítica adopta
muchas formas distintas, y alrededor del mundo hay nuevas perspectivas
desarrollándose que aumentan y refinan estos cuatro elementos (ver por ejemplo,
la colección de trabajas dedicados a la psicología crítica alrededor del mundo
en Dafermos, Markavis y Triliva, 2006). Estos cuatro elementos de la psicología
crítica son a menudo rechazados por psicólogos que han sido entrenados en los
viejos programas reduccionistas y positivistas y los psicólogos de vieja
guardia reaccionan a la psicología crítica en una serie de formas que
necesitamos atender.
Representaciones erradas de la Psicología Crítica
Varias de las
acusaciones que a menudo se hacen contra los psicólogos críticos por parte de
los psicólogos de corrientes dominantes revelan errores serios en la
representación de lo que los psicólogos críticos hacen. Estos errores luego
circulan y dificultan nuestra labor; la labor de desentrañar y rechazar las
presunciones hechas por la psicología profesional y popular, guiadas por los
cuatro elementos mencionados anteriormente. Voy a atender a las más poderosas y
dañinas de las acusaciones hechas por los psicólogos mainstream[1]; espero demostrar así que contamos con recursos con que defendernos.
1. ‘La psicología crítica sólo le interesa la psicología social’
No. Algo del trabajo crítico más innovador ha
sido dentro de la psicología social y existen buenas introducciones a las
perspectivas críticas en el área (por ejemplo: Gough y McFadden, 2001); a su
vez, un análisis de la ‘crisis’ en la psicología social es necesario para el
trabajo crítico (por ejemplo: Parker, 1989). En Europa esta crisis fue
identificada por aquéllos que de manera optimista creyeron que una ‘crisis de
paradigma’ en la disciplina sería seguida por una ‘revolución científica’ en
que la investigación cualitativa triunfaría como una metodología dominante para
una psicología renovada (por ejemplo: Harré y Secord, 1972). En los Estados
Unidos, la crisis fue la base desde la cual se propuso que la investigación en
psicología social era el reporte de formas históricamente específicas de
conducta que cambiarían y por ende necesitarían que las metodologías cambiaran
también (por ejemplo: Gergen, 1973, 1999). Es demasiado fácil para los
psicólogos mainstream hacer como si la crisis ha terminado, porque sin
importar cuán grande es el dominio de la investigación experimental en algunos
departamentos, las quejas y las alternativas están proliferando en la
disciplina en distintas partes del mundo. Ahora hay desarrollos igualmente
importantes en la psicología cognitiva, por ejemplo. La investigación sobre el
discurso, por tomar una muestra, ha sido útil para mostrar como el razonamiento
y el recuerdo son ‘relatados’ y se desarrollan de manera colectiva (Edwards y
Potter, 1992). La psicología de la acción, una tradición que floreció en la
Unión Soviética enfocando las prácticas materiales en que lo procesos
‘mentales’ se desarrollan, ha conectado estas perspectivas cognitivas con
modalidades de práctica (por ejemplo Hepburn, 2003; Tuffin, 2004). Mientras los
psicólogos cognitivas han estado produciendo diagramas y flujogramas que
muestran la memoria a corto plazo, a largo plazo y dibujos elaborados de la
parte interna de la cabeza, como si fuese un archivo o una computadora, los analistas
de discurso han podido dar lecturas más persuasivas de lo que hacemos cuando
pensamos. El pensamiento ocurre entre personas, en las mismas maneras en que
usamos el lenguaje. La psicología mainstream asume que debe haber algún
mecanismo cognitivo escondido haciendo el trabajo y por ende, estudia lo que
está adentro. La psicología crítica en cambio, nos anima a reflexionar sobre
las asunciones subyacentes en la disciplina y nos señalaría en este caso que
tenemos que reformular el problema. La pregunta no es ‘¿qué hay en la mente?’
sino ‘¿qué hay detrás de lo que llamamos mente? Nuestra actividad cognitiva
sucede en una red de relaciones, discursos y prácticas que aprendemos, narramos
y reconstruimos como seres humanos y esta red nos permite pensar de la manera
en que lo hacemos (Lave, 1988).
Un problema
para el trabajo crítico es que, en la psicología académica, el discurso que
utilizamos para hablar, escribir y aprender acerca del pensar es parte de un
posicionamiento poderoso en la enseñanza. Cuando uno estudia psicología siempre
se conduce a la idea de que el pensamiento es una actividad aislada y separada
y cuando se es evaluado a menudo el pensamiento será físicamente separado de la
persona; por ejemplo en los exámenes, se pide a la persona saque lo que ha
acumulado dentro de su cabeza y su habilidad será juzgada por mediciones de lo
que se ha podido escribir. Pero, como ocurre con los laboratorios
experimentales, esto seguramente es muy distinto que pensar en el mundo real.
Pensar y recordar tiene que ver con cómo se juntan soluciones y recuerdos con
otros y cómo la persona negocia todo eso, cómo practica lo que podría decirle a
audiencias imaginarias y cómo repite lo que ha dicho antes (Middleton y
Edwards, 1990). La cognición tiene tanto que ver con cosas relacionales como
con cosas que están dando vueltas en privado. Esto no significa que la
psicología crítica necesariamente rechaza el estudio de la cognición (Wilson,
1999), pero sí enfatizan que cuando las personas piensan alguien más está
siempre involucrado. Sólo podemos pensar gracias al lugar que ocupamos en la
red de relaciones con otras personas y por los patrones de discursos que le dan
forma a nuestra imagen del mundo y de nosotros mismos (Parker, 2002).
2. ‘La psicología crítica convierte todo en un tema político’
No. El problema
no es que convertimos a la psicología en política sino que ella ya es
política y que esto es algo que la psicología mainstream no le gusta
reconocer. La política no es sólo votar en las elecciones; la manera en que formamos
relaciones y vivimos nuestra vida al nivel más íntimo también es político. La atención a la ‘política
personal’ entonces, necesita incluir el trabajo crítico sobre la sexualidad, la
psicología y el poder. Investigación sobre la sexualidad revela de manera
condensada la manera en que la ciencia psicológica opera como retórica, tomando
de algunos prejuicios culturales y diseñando la retórica para producir ciertos
efectos. Por ejemplo, la investigación sobre lesbianismo desde una perspectiva
construccionsita social ha sido capaz de contrarrestar esta retórica al exponer
la las falsas presunciones de objetividad y los propósitos políticos que le
subyacen (Kitzinger, 1987). La historia
de la psicología lesbiana y gay también aclara como modalidades alternativas de
retórica respecto a orientaciones sexuales alternativas tuvieron que hacerse
acompañar de acciones concretas para poder cambiar las cosas con relación a los
derechos de los distintos grupos.
La
homosexualidad permaneció como una categoría de trastorno en el Manual
Estadístico y Diagnóstico de Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica
Americana hasta 1973, pero fue eliminada luego de protestas recurrentes hechas
por los activistas gay durante las reuniones de la Asociación Psiquiátrica Americana,
lo que eventualmente obligó a someter el tema a votación. Aunque a veces
pareciera que los cambios en nuestra comprensión de la psicología provienen de
la investigación neutral imparcial, estos eventos muestran cómo nuestra imagen
de nosotros mismos están profundamente afectada por las fuerzas políticas en
juego. Sin embargo, deberíamos notar que el mismo éxito de la psicología
lesbiana y gay en los Estados Unidos, con sus conferencias, cursos y revistas
propias genera dudas sobre lo que se ha logrado (Brown, 1989); y por ende, los
psicólogos críticos también examinarán la manera en que los estilos de vida
alternativos también se psicologizan al intentar ganar legitimidad y hablar en
el mismo lenguaje de los poderosos. En este sentido la pregunta que habría que
hacerse es en términos de quién hablan de sí mismos los hombres gay y las
lesbianas. La retórica de la psicología humanista liberal de ‘identidad’ y
‘autoestima’, por ejemplo, hace pensar que cualquiera de los problemas que los
gays y las lesbianas tengan debe ser tratado al nivel de la psicología
individual y que cuando hayan hecho eso lograrán llevar vidas más felices y
saludables, como los heterosexuales. Los investigadores críticos que trabajan
en este campo han argumentado a favor de una estrategia para intentar voltear
las cosas, preguntando de qué maneras la ‘heterosexualidad’ puede ser el
‘problema’ (ver: Kitzigner, Wilkenson y Perkins, 1992), y esta estrategia reta
a un nivel profundo, ‘personal’, las presunciones que hacemos de nosotros
mismos. También nos recuerda que es políticamente importante defender las
estrategias de trabajo que los psicólogos utilizan cuando trabajan dentro de
una disciplina hostil (Kitzinger, 1999).
La lección
general que sacamos de esto es que deberíamos atender a las agendas políticas
de aquéllos que han intentado utilizar la psicología para decirnos cómo podemos
o no comportarnos, aquellos que definen nuestras capacidades para cambiarnos a
nosotros mismos utilizando como referencia los ‘modelos psicológicos’. Esas agendas políticas a veces operan a pesar
de las intenciones honestas de los investigadores psicológicos, pero esos
investigadores a su vez tienen que trabajar dentro de los marcos metodológicos
y teóricos que encierran agendas políticas implícitas. Cada intento de
especificar nuestras verdaderas funciones psicológicas subyacentes funciona
como un límite sobre la capacidad humana para el cambio; si las personas
refutan lo que los psicólogos les dicen serán capaces de cambiar a la sociedad
y en el proceso crearán los cambios en las maneras en que nos comportamos y
experimentamos nuestras conductas. Por eso también es que no queremos
desarrollar ‘psicologías alternativas’ que prometan decirnos la verdad porque
sabemos que cada afirmación de verdad sobre la psicología humana tenderá a
operar como un programa político que está enraizado en los horizontes políticos
limitados del presente (Parker, 2003a).
3. ‘La psicología crítica solo le
interesa la teoría y no tiene nada que decir sobre la metodología’
No. Toma muy en
serio a la metodología y lo hace porque el ‘método’ a menudo es la única cosa
que mantiene unida a la psicología (Rose, 1985). Hacer cuestionamientos sobre
la ‘metodología’ es una manera de hacer cuestionamientos sobre la psicología
(Parker, 2005). Esta es una de las razones por las cuales aquellos que hacen
trabajo crítico se han interesado por el análisis de discurso, porque es una
metodología bastante distinta que se enfoca sobre cómo las formas del lenguaje
estructuran la experiencia y la conducta (ver: Parker, 2002). Una manera de
atacar el problema del papel de la psicología es tratar a la jerga psicológica
como un discurso poderoso que circula en la cultura Occidental. La investigación sobre el discurso puede
permitirnos tomar distancia de la psicología y tratar a los reportes hechos por
los psicólogos como discursos, más que hechos acerca de la conducta y la
experiencia que normaliza las cosas que son aceptables y patologizan a aquellos
que no calzan (Burman y otros, 1996). El análisis de discurso puede ser
convertido en una modalidad de la investigación acción cuando invita a las
personas a hacer conexiones entre el lenguaje, el poder y la resistencia. Sin
embargo, necesitamos adentrarnos en la reflexión metodológica sobre los problemas
de esta aproximación, notando por ejemplo, cómo el foco en el lenguaje podría
desviar a las personas de otros temas más urgentes de las acciones políticas y
opresivas (Parker, 2003b).
Entre otras
opciones metodológicas, las aproximaciones narrativas hacen una conexión más
directa entre los lenguajes y la experiencia que muchos estudios de análisis de
discurso porque cuando las personas hablan intuitivamente organizan sus
palabras en una cadena narrativa (más que producir ‘pedazos’ de ‘repertorios’ o
‘discursos’ que los analistas discursivos tienden a describir). En la
actualidad, ya hay un movimiento político inspirado por las discusiones
teóricas de la representación de la identidad en la narración y aquí hay una
oportunidad de enfocarnos sobre cómo las historias que contamos de nosotros
mismos son historias personales que no necesariamente reflejan nuestras
peculiaridades ‘psicológicas’ (ver, por ejemplo, Frosh, 2002). Mientras
construimos una narración distinta acerca de quiénes somos nos volvemos capaces
de abrir nuevos espacios para retar las categorías que son utilizadas por
aquellos en el poder para fijarnos en nuestros lugares; la teoría queer
y la política queer, por ejemplo, han mostrado cómo las narraciones orientadas
heterosexualmente que contamos acerca de nosotros pueden ser convertidas en
acción para que la persona no quede atrapada en las categorías de
‘heterosexual’ o ‘gay’ que sirven para dividir a las personas entre sí dentro
de la sociedad contemporánea. Aún entonces, no tomamos las posiciones de esta
propuesta metodológica en vano; al mismo tiempo que la afirmación de que la
identidad es simplemente el efecto de una narración puede hacer la vida más
difícil de aquellos que insisten en que han descubierto su “verdadera”
identidad como miembros de una comunidad particular. En la perspectiva crítica
es necesario trabajar con el potencial de cada una de las aproximaciones
nuevas, para luego reflexionar sobre los límites que tal aproximación puede
producir al hacerse popular dentro de la disciplina. De la misma manera
podríamos dirigirnos a la etnografía como una buena corrección al a psicología mainstream
y la psicología narrativa; la etnografía tiene el potencial de permitir a los
miembros de una comunidad cuestionar las maneras en que son obligados bajo
coerción a adoptar un tipo de identidad particular diciendo que en verdad les
gusta cuando podría no ser así. La investigación etnográfica que atiende a los
procesos de inclusión, exclusión y poder puede convertirse en una forma de
investigación acción, investigación que deliberada y explícitamente intenta
cambiar el mundo en el mismo proceso de estudiarlo. En este caso se trata de
una investigación acción que rompe los intentos de ser ‘neutral’ y ‘objetiva’ y
que intenta transformar las relaciones sociales y animar a las personas a
pensar críticamente sobre el conocimiento que los expertos producen acerca de
ellos mismos (por ejemplo, Goodley y
Parker, 2000). Pero al mismo tiempo, para llevar aún más allá el argumento
crítico, una etnografía que no involucra a las personas en el trabajo como
co-investigadores todavía sigue dando el punto de vista de un ‘extranjero’ que
observa y le comenta a los demás. Por ende, algunos psicólogos críticos pueden
usar las entrevistas como una metodología y esta ha sido una manera de recoger
registros y conectarse más directamente con la experiencia (ver, para más
discusión de estas aproximaciones, Parker, 2005).
De nuevo esta
aproximación, como cualquier otra metodología, está enmarcada en la necesidad
de generar un producto académico y sólo una crítica política de la disciplina
de la psicología como herramienta, dentro de un aparato de control e
individualización bajo el capitalismo, nos permite tomar distancia colocarnos
fuera del marco del trabajo académico y hacer algo más efectivo. Por encima de
todo, muchos de nosotros estamos interesados en la investigación acción, pero
no tratamos a la investigación acción como un ‘método’. Toda investigación es
una acción que trabaja para o en contra del poder (Prilleltensky y Nelson,
2002) y la gente puede tener buenas razones para no participar en cualquier
proyecto de ‘fortalecimiento’ que amenazan con debilitarlos aún más mientras
los académicos terminan como los únicos beneficiados (Cooke y Kothari, 2001).
El problema con la mayoría de la psicología mainstream es que, o
deliberadamente deja las cosas como están –explícitamente reproduce las
relaciones de poder existentes-o pretende que la indagación científica o la
interpretación sea neutral, y por ende, le da un apoyo tácito a aquellos que
están en el poder. En la investigación psicológica crítica buscamos abrir la
posibilidad de trabajar de manera ‘prefigurada’ –anticipando una mejor sociedad
en el mismo proceso de luchar por ella (Fals Borda y Rahman, 1991; Freire, 1972).
Un énfasis en el aspecto prefigurativo de la investigación nos dirige la
atención a la manera en que todos los aspectos de nuestra interacción diaria y
vida interna están calzados en las estructuras sociales de forma tal que lo que
ocurre en la esfera ‘personal’ está íntimamente conectado con los patrones más
amplios de poder y resistencia.
4. La psicología crítica sólo está
interesada en la investigación cualitativa
No. Es cierto
que el trabajo crítico en la disciplina en los últimos años ha albergado muchas
sospechas acerca de cualquier reducción de la investigación a número, de forma
que la cuantificación en sí misma se ha visto algunas veces como un problema
que sólo puede ser resuelto evitando las estadísticas o cualquier cosa que se
asemeja a la “ciencia dura”. La investigación cualitativa que recoge reportes
de las personas o busca indagar en sus entrevistas acerca de las experiencias o
interpretaciones en contextos cotidianas ha sido por ende preferida como
estrategia metodológica por muchos psicólogos críticos. Sin embargo, siempre
necesitaremos saber qué tan difundido está algún tipo de patrón de conducta
para poder tener una impresión de la estructura general de la acción y la
experiencia y muy posiblemente necesitaremos de las estadísticas para hacerlo.
Trabajos hechos por el Grupo de Estadísticas Radicales, por ejemplo, desarrolla
maneras de utilizar el análisis cuantitativo sin convertir a las personas en
cosas (algo que la psicología demasiado a menudo hace) y, en cambio, nos ayuda
a interpretar estadísticas de manera que podamos conectar estas cosas extrañas
con el mundo real (Dorling y Simpson, 1999).
Si estamos
interesados en las experiencias de desigualdad para las niñas en el salón de
clases de ciencia, por ejemplo, también necesitaremos saber cuántos niños y
niñas terminan teniendo ‘éxito’ en las materias científicas y cuántos hombres y
mujeres terminan formándose en esas carreras. Ha habido algunos análisis muy
complejos dentro de la psicología crítica de la manera en que las niñas se les
enseña en los salones de clases a no aprender matemáticas y este análisis de
los discursos de las maestras cobra sentido porque también sabemos algo de las
pocas mujeres matemáticas que hay en el mundo (Walkerdine y la Unidad de Niñas
y Matemáticas, 1989). De esta manera, es posible dar un reporte contextualizado
de la relación entre cuantificación, cognición y la reproducción de la
masculinidad estereotipada (Walkerdine, 1988). La cuantificación entonces es
importante para el trabajo crítico y este tipo de análisis puede ser utilizado
para revelar cosas acerca del mundo que los psicólogos críticos utilizan en sus
investigaciones. Lo que debemos tener en cuenta sin embargo, es que los números
son en sí mismos interpretaciones del mundo y que son elementos en
explicaciones que damos acerca de la acción y la experiencia (Parker, 2005).
5. ‘La psicología crítica no tiene nada que ofrecerle a las personas que
sufren’
No. Un ejemplo significativo de una investigación acción efectiva en
relación a la psiquiatría en Italia en los años setenta plantea preguntas
importantes de cómo a veces tenemos que hacer algo más con el conocimiento que
la investigación. En Trieste, el viejo hospital psiquiátrico de San Giovanni
fue cerrado y reemplazado con centros de salud mental comunitaria como parte
del movimiento de masas Psichiatria Democratica. Estos eventos
inspiraron la publicación de la ‘revista para la psiquiatría democrática’
Asylum, en Inglaterra (www.asylumonline.net) y el surgimiento de una nueva ola de movimientos de resistencia en la
salud mental durante la década de los noventa alrededor de la red ‘Hearing
Voices’, grupos de personas que experimentaban lo que los psiquiatras
denominan ‘alucinaciones auditivas’ (Romme y Escher, 1993). La red muestra que
la experiencia de escuchar voces no es necesariamente un indicador de
“esquizofrenia”, y que la etiqueta es una categoría médica confusa que no toma
en cuenta el hecho de que muchas personas – que son profundamente religiosas,
por ejemplo- escuchan voces y al mismo tiempo son capaces de resistirse a
“adaptarse” a una sociedad enferma, de manera que encuentran maneras novedosas
de vivir fuera de las etiquetas patologizantes (Blackman, 2001; James, 2001).
Esta red no se
basó en una institución académica y el boletín de la red de ‘Hearing Voices’ y la revista Asylum
siempre incluyen ficción y poesía, pero los lazos con las universidades sí se
convirtió en un recurso para desarrollar nuevas metodologías y nuevas maneras
de pensar acerca de lo que la “teoría” es.
Un congreso llevado a cabo en la Manchester Metropolitan University en
1995, por ejemplo, juntó a usuarios de los servicios psiquiátricos,
psiquiatras, psicólogos clínicos, chamanes y espiritualistas para presentar y
discutir teorías acerca del fenómeno de escuchar voces (Parker y otros, 1995).
Ese evento exigió repensar qué era el papel de la investigación y cómo las
ideas psicológicas pueden ser adaptadas y utilizadas como una forma de
investigación acción terapéutica. Es en este proceso que las personas se
vinculan con actividades que traen cambio ‘psicológico’. Hay cosas mejores que
los psicólogos podrían estar haciendo que el solo hecho de implementar la
‘psicología’. En Trieste, por ejemplo, los psicólogos se convirtieron en
empleados del café y jardineros. Desde entonces, un desarrollo concreto, ha
sido la creación de la “red de la paranoia” en 2003. Dos disciplinas,
psicología y psiquiatría, han intentado tener el control del conocimiento en el
último siglo y junto a otras disciplinas afines, ambas han mantenido un control
en el centro de una densa red de teorías y prácticas que forman lo que se ha
denominado el ‘psy-complex’ (Ingleby, 1985; Rose, 1985). El ‘psy-complex’ es un
complejo contradictorio y lleno de conflictos, con psicólogos de distintas
orientaciones discutiendo contra psiquiatras y psicoterapeutas; de esta manera
el ‘psy-complex’ reproduce la incoherencia de la disciplina de la psicología.
Los distintos componentes del ‘psy-complex’ sirven para observar y regular la
conducta en dominios específicos del trabajo, en la medida en que los
individuos caen bajo los dominios de cada una de estas autoridades estarán
cruzados por las distintas demandas que cada uno de estos ‘expertos’ hace sobre
su vida mental.
La paradoja es
que aquellos profesionales en el ‘psy-complex’ que observan y regulan el
pensamiento y la conducta – que son a la
vez los agentes de las mismas acciones que hacen que las personas se sientan
observadas y vigiladas- terminan
sintiéndose atemorizados y suspicaces de lo que las personas ‘anormalmente’
paranoides pueden hacer en consecuencia. En el 2004, extendimos y reelaboramos
nuestro experimento de evento académico y abrimos el espacio universitario para
la ‘red de la paranoia’ para abrir un espacio que permita retar la autoridad de
los “expertos” sobre la vida de los demás.
Una de las
lecciones de este movimiento, que realiza investigación como parte de su acción
política contra las prácticas abusivas y vejatorias de la psiquiatría y la psicología,
es que las nociones del viejo paradigma de ‘hipótesis a probar’ y ‘grupos de
control’ no funcionan en el mundo real. El movimiento está mutando a tal
velocidad, aprendiendo de su propia experiencia, que sólo las aproximaciones
críticas más novedosas terminan siendo relevantes (Burman, 2006).
5. ‘La psicología crítica es
europea’
No. Algunas de
las expresiones críticas de la psicología de los E.E.U.U. mainstream
proviene de la misma Norteamérica y proveen recursos para avivar la historia de
las alternativas al positivismo (ver: Brown, 1973; Fox y Prilleltensky, 1997;
Newman, 1991). La nueva ola de psicología crítica “europea” tomó de recursos
teóricos de la Europa continental (por ejemplo, Henriques, Hollway, Urwin, Venn
y Walkerdine, 1998) y algunos de nosotros hemos hecho conexiones con la
tradición alemana de “psicología crítica” (ver: Tolman y Maiers, 1991).
Este recuento
de “psicología crítica” está escrito desde el Reino Unido y, por supuesto, está
marcado por cierta trayectoria histórica. Lo que hemos aprendido del fracaso de
la farsa de la “objetividad” científica en la disciplina de la psicología es
que cada registro, cada crítica, cargará con ella las suposiciones de cierto
tiempo y lugar. Intentar disimular las contradicciones entre distintas
modalidades de “psicología crítica” de distintas partes del mundo sólo
servirían para homogenizar la ola nueva y diversa de actividad radical (ver:
Dafermos y colaboradores, 2006). De forma que, hacemos dos cosas al desarrollar
una perspectiva “crítica”, y en este punto tenemos una gran deuda con los
debates feministas (por ejemplo, Harding, 1987). Primero, nos apropiamos de
nuestra posición y la desarrollamos y argumentamos. Es crucial para el
desarrollo del trabajo crítico en la psicología no sólo que acumulemos recursos
para mostrar los errores, abusos y opresión de la psicología mainstream,
sino también que logremos sostener nuestra posición política en un debate
intenso, si bien cordial con nuestros compañeros “psicólogos críticos”. En ese
debate, sería tan limitante y reduccionista como lo ha sido para la disciplina
de la psicología ligar nuestras posiciones políticas a “identidades” o regiones
geográficas del mundo. Nuestra lucha –representada aquí en este artículo de
origen europeo- está diseñada para construir alianzas con aquéllos que trabajan
dentro de los departamentos y servicios de psicología en todas partes del
mundo. En segundo lugar, aprender de los lugares donde la lucha contra la
psicología ha tenido que unirse a la lucha política. Lejos de ser “europea”,
los avances más llamativos en pensar de manera metodológica contra el
colonialismo han venido de Nueva Zelandia (por ejemplo, Tuhiwai Smith, 1999);
los desarrollos más radicales de investigación acción han surgido de
Latinoamérica (por ejemplo, Montero y Fernández Christlieb, 2003) y por largo
rato, las mejores introducciones a la psicología crítica han provenido de Sur
África (Hook, 2004).
Conclusiones
La lección
principal que obtenemos de esta actividad también es aplicable a todo nuestro
trabajo en la psicología. Los recuentos radicales que retan a la psicología mainstream
sólo pueden ser elaborados en nuevas redes con nuevas modalidades de apoyo
institucional. Los psicólogos tradicionales con demasiada frecuencia nos dicen
que así son las cosas en el mundo, que así es la gente, que hay cosas que se
pueden hacer y cosas que no, como si ellos lo supieran de antemano. Pero no lo
saben. Y muchas de las personas a las que ellos les hacen cosas saben que ellos
no saben. En vez de intentar resolver este problema como si fueran un problema
interno, los psicólogos deberían hacer algo para reordenar los límites de la
disciplina. El asesoramiento y la psicoterapia pueden por ende ser vistas como
parte del mismo aparato disciplinario, ya que animan a las personas a hablar
con expertos. La ciencia es sólo uno de los discursos del psy-complex, y refuerza el poder de los profesionales para
persuadir a los individuos a hablar y reflexionar sobre ellos mismos y creer
que esto es parte del proceso. La descripción de Foucault (1981) del
psicoanálisis como una práctica discursiva que condensa todo lo que se se
siente como peligroso en la sexualidad y luego hace que los pacientes hablen de
eso para ‘liberarse’, como si fuese algo que está dentro de ellos, es otra
metáfora poderosa de las maneras en que pensamos sobre el interior de nosotros
mismos. Estamos ante un proceso histórico de individualización del malestar y
de confesión que se ha intensificado. Es un proceso paralelo al incremento de
la vigilancia y la “disciplina” en la sociedad (Foucault, 1977). Hace cuarenta
años, por ejemplo, las columnas de consejo sentimental en Gran Bretaña tenían
prescripciones como “si esta es tu emoción intenta erradicarla”. Ahora, somos
invitados, incitados a hablar de las emociones escondidas adentro como un
prerrequisito para ayudarnos a nosotros mismos (Furedi, 2003). Esto es el lado
terapéutico del psy-complex que a menudo parecería ser una alternativa
humanista progresiva a las aproximaciones positivistas de la disciplina.
Ciertamente las perspectivas cuasi-terapéuticas humanistas son poco escuchadas
en la disciplina, pero siempre están como la otra cara de la llamada psicología
‘científica’. Las contradicciones del psy-complex se hacen evidentes de
nuevo, pero en este caso es una contradicción necesaria; el psy-complex
es mecánico en la manera en que categoriza a las personas y, al mismo tiempo,
incluye elementos humanísticos de manera que las personas son tentadas a hablar
acerca de sí-mismos de una manera que otros psicólogos no-mecanicistas puedan
entender. Es tentador voltear las versiones terapéuticas de la psicología como
si fueran alternativas, pero realmente son una pieza de la arquitectura global
del psy-complex. Y luego tenemos al psicoanálisis, que algunos psicólogos
entienden como un caballo moribundo, que aún le queda algún respiro. Uno no
debería subestimar la habilidad de los practicantes psicoanalíticos para volver
al ruedo, y de hecho hay señales de que los argumentos psicoanalíticos están
regresando a la investigación psicológica social (por ejemplo Holloway y
Jefferson, 2000). La razón por la cual el trabajo de Foucault es tan valioso es
porque provee de una serie muy distinta de argumentos contra el psicoanálisis
de los propuestos por la psicología positivista (que erróneamente cree que hay
evidencia empírica para apoyar o refutar la existencia de los fenómenos que
Freud describió y que luego puede ser fácilmente descartada). Por eso es que no
deberíamos intentar construir una “psicología alternativa” porque esto
simplemente servirá para contrabandear de nuevo a la psicología radical las
ideas reduccionistas y esencialistas y servirá para convertir a los radicales
en psicólogos de nuevo (Parker, 2007). La psicología está construida con los
horizontes de la sociedad capitalista para permitirle a la sociedad ser más
eficiente y construye dentro de esa sociedad sus propias imágenes de patología.
Parte de la actividad política de retar la construcción de la psicología es
desenredar lo que hemos hecho con ella. El proceso de crítica es también un
proceso de deconstrucción. Debe incluir una alianza política práctica con
aquellos que sufren la psicología y que están comenzando a rechazar la manera
en que han sido construidos como patológicos. Es una pregunta política que pide
la deconstrucción práctica de las teorías y los aparatos de la disciplina de la
psicología. Yo señalé al comienzo de este trabajo que nuestro punto de partida
para la investigación psicológica crítica es la habilidad de los seres humanos
de cambiar. Las aproximaciones tradicionales en la psicología estudiaron a los
seres humanos como para intentar arreglarlos y sujetarlos en un lugar fijo.
Cuando los psicó0logos interpretaban lo que las personas hacían, sujetaban las
cosas como una manera de impedir el cambio. La psicología crítica es una manera
de conectarse con el proceso de cambio y por ende, ser parte de un mundo
cambiante. Es la única manera de desarrollar alternativas en y contra la
psicología, como parte de una revolución en la subjetividad que necesitamos si
vamos a lograr avanzar este proceso.
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1 Ian Parker coordina el Discourse Unit de Manchester Metropolitan
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y coordina la revista Annual Review of Critical Psychology.
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