domingo, 16 de marzo de 2014

Desarrollo a Escala Humana/ Manfred A. Max-Neef

Hola :) Soy Nata* y les voy a presentar el tema que trataremos el jueves 27 de marzo de 2014 en el salón 131 de Ciencias Humanas (edificio 212) en la Universidad Nacional de Colombia.

Desarrollo a Escala Humana 

Es una teoría de la motivación y las necesidades humanas creada por Manfred A. Max-Neef, un economista chileno, académico, ambientalista, que propone una nueva conceptualización de las necesidades humanas y del desarrollo pensando no en la producción de bienes y servicios sino en la satisfacción de necesidades humanas y en las necesidades no como una lista indeterminada e infinita, sino una lista precisa e incluyente que explica las necesidades del ser humano, y distingue entre las diferentes formas en que pueden ser satisfechas.

La lectura que haremos es desde la página 27 a la 55 (es realmente muy corto), para el tema que nos compete, que es el desarrollo de una psicología crítica latinoamericana.

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Ésta es la página de Manfredpara acercarnos con confianza. Aquí podemos encontrar su biografía y sus libros completos para leer online.  




* Pretendo estar en este grupo de una manera humana, cálida y poco rígida en este grupo, porque estoy en contra de la psicología cientificísta, fría, rígida y neutral. Nuestras posturas críticas se encarnan en nuestros cuerpos y formas de ser cotidianas. 

miércoles, 26 de febrero de 2014

UNA ORIENTACIÓN PARA LA PSICOLOGÍA POLÍTICA EN AMERICA LATINA

http://www.revistas.unal.edu.co/index.php/psicologia/article/download/13156/18616 Psicología Política, Nº 3, 1991, 27-43

UNA ORIENTACION PARA LA PSICOLOGIA POLÍTICA EN AMERICA LATINA

Maritza Montero
Universidad Central de Venezuela

RESUMEN

La Psicología Política en América Latina presenta tres modos de producción:1) el de una política inconsciente o implícita, 2) el de la política consciente o explícita y 3) el de la psicología política de fenómenos políticos. Se analiza el problema de la definición de la subdisciplina para plantear una orientación que la define como una psicología de la liberación. En esta orientación se define el rol del psicólogo como agente de cambio social, y se plantea como objetivos: desideologizar, concienciar, fortalecer la sociedad civil e incorporar a ella a las mayorías oprimidas. Su enfoque es dialéctico, construccionista y crítico, además de ubicado geográfica e históricamente, puesto que toda psicología política debe responder a la problemática del lugar en que se hace.

ABSTRACT
Three modes of production can be found in Latin American Political Psychology: 1) Politically implicit or unconscious, 2) Politically conscious or explicit and 3) Political Psychology of political phenomena. The definition of Political Psychology is analyzed in order to present an orientation arising in Latin America: Political Psychology as Liberation Psychology. This orientation defines the psychologist's role as that of a social change agent, and proposes as main goals: de-ideologizing, consciousness-promoting of the people, strengthening civil society and incorporating to it the dispossesed majorities. Its approach is dialectic, constructionist and critique oriented, historical and geographically placed, since every political psychology should respond to the problems of the place where it is made.

Evolución de la Psicología Política en América Latina Al igual que en otras regiones del mundo, también en América Latina la psicología política se ha estructurado como rama relativamente independiente,
en fecha más o menos reciente. De hecho, su desarrollo en la región cubre poco más de treinta años y durante ese período, es en los últimos veinte años cuando alcanza un nivel de producción y de definición de su objeto, así como el reconocimiento de status como subdisciplina, que permitan hablar de una existencia propia.

En 1987 proponíamos (Montero y Martín-Baró) algunas ideas para explicar la evolución de la psicología política en América Latina. Entonces considerábamos una serie de etapas o "momentos" por los cuales habría atravesado: el de la política inconsciente; el de la política consciente y el de la psicología
política propiamente dicha, o de los hechos y dimensiones políticas. En algunos de los autores revisados es muy claro este movimiento hacia la precisión, definición y compromiso, pero en líneas generales, y en un mismo espacio y tiempo podemos encontrar que los tres, o dos de ellos coexisten. Esta coexistencia se debe a que más que ante un proceso evolutivo, de acumulación creciente con eliminación de las características dominantes en etapas previas, nos hallamos ante modos de producción del quehacer científico. Si bien, en líneas generales, parece predominar una tendencia a que se pase del primero hacia los siguientes (ver figura 1), ellos pueden coincidir en un mismo espacio y tiempo.
1.1 El primer modo de producción de la psicología política, el de la política inconsciente o implícita, se caracteriza al igual que en algunas otras regiones del mundo, por hacer una psicología social de hechos que pueden tener causas o consecuencias políticas o que tocan directamente a la política; pero no se define a ese quehacer por el objeto, sino por el carácter social del mismo, obviamente también presente. No hay una conciencia clara ni explícita de que se está trabajando en un campo específico, ni de que los fenómenos
políticos pueden tener un nivel psicológico de explicación. La relación es eventual, contingente y el descubrimiento fundamental es que lo político y la política pueden afectar a fenómenos psicosociales. Así se puede hablar de actitudes o de estereotipos o de valores, centrando el peso de la investigación
en tales constructos, en los cuales se inserta el referente político.

Los trabajos relativos a este modo de producción, predominantemente en un cierto momento (1956-1967), centran su interés fundamentalmente en la noción de carácter nacional y en las percepciones expresadas a través de imágenes y estereotipos que los individuos tienen de su nacionalidad y de otras, que por razones de vecindad, de influencia política, económica o histórica, son relevantes para ellos. El lapso indicado se caracteriza por la escasez

Una Orientación para la Psicología Política ... 29 de producción, por la ausencia de análisis político profundo, o bien por el de concretarse a la mera descripción y ordenamiento de los datos, que muchas
veces provienen de diseños de investigación modelados sobre trabajos hechos en otras latitudes.

1.2 Encontramos luego un modo de producción en el cual predomina la política consciente o explícita, que es evidente entre 1968 y 1982 y su carácter específico le es otorgado por el hecho de que si bien, en la mayoría de los casos, no ha dejado de ser psicología social, ahora es ya claramente una psicología
social de la política. O una psicología social aplicada a los fenómenos políticos. Así, puede ser el trabajo psicológico en función de una causa o de una línea política, o de una teoría política (en este sentido el marxismo ha sido particularmente influyente).

Pero al mismo tiempo se introduce un nuevo elemento que puede generar una gran confusión en el campo a la vez que hacerlo derivar de tal manera que su objeto no llegue a construirse. Nos referimos a los trabajos que hacen la crítica epistemológica de la psicología en tanto que ciencia al servicio de ciertos intereses y producto de un determinado sistema social. Se define en ellos el carácter político que pueden tener las vías y formas de hacer psicología y de aplicar sus conocimientos, pero no se trata de psicología política, nos
hallamos más bien ante la política de la psicología, y su denuncia cubre a toda la disciplina en general. Y si bien esta producción no puede incluirse en el campo de la psicología política, ella tiene el valor de haber revelado cómo ciertos procesos ideológicos y alienantes ligados a la construcción de lo social,
y por ende de lo político como un campo de estudio, algo que sólo se comenzó a hacer posteriormente.
Caracteriza a este modo de producción, el que se pasa a estudiar ya a los fenómenos políticos per se, y así, de actitudes relacionadas con lo político, con lo nacional, de las valoraciones de nacionalidades, se entra definitivamente en el campo de estudio del nacionalismo y de sus relaciones con un sistema social y cultural, así como se ataca al mismo tiempo el estudio de temas típicamente psicopolíticos, tales como la socialización política, la participación política, bien a través del voto o de la afiliación a movimientos
políticos, los efectos de la comunicación política, especialmente la propaganda electoral, en los individuos, y las denuncias y descripciones de las múltiples formas de expresión del trauma político, sobre el cual aún no se teoriza ni se desarrollan modelos explicativos. A la vez, continúan los estudios sobre cognición política, expresada en actitudes, valores, estereotipos y otros conceptos similares. También caracteriza a este modo de producción el marcado aumento en el número de trabajos producidos.

Una Orientación para la Psicología Política
1.3 Un tercer modo de hacer psicología política es el de la psicología política de hechos políticos o psicología política propiamente dicha, que corresponde a una etapa de conciencia acerca del campo, de su objeto, de su necesidad de elaboración teórica, de la aplicación y construcción de métodos y técnicas, de su especificidad y de su compromiso social. Podemos decir, a grosso modo, que este estilo comienza hacia 1983 y predomina en la actualidad.

Se caracteriza este modo de producción científica porque la psicología políticamente consciente se vuelve hacia el quehacer político y hacia la dimensión política de ciertos quehaceres (Montero y Martín-Baró, op. cit., pp.X-XI), pero no como una actitud de partido o en función de intereses políticos de un grupo sino como una actividad explícitamente consciente de la necesidad de clarificar ideológicamente el sentido y efecto de los fenómenos estudiados, y de hacer manifiesto el nivel psicológico de la actividad política
en tanto que acción constructora de un orden social.

Ahora, junto con la conciencia ya no sólo de la especificidad del objeto sino también del campo, surge la necesidad de la definición y clarificación teóricas, de la generación de modelos explicativos de las conductas hasta ahora abundantemente descritas y exploradas; de la interpretación de los fenómenos en situación y en relación con otros hechos sociales. Y surge también la preocupación por el método, problema ciertamente no resuelto, ni en nuestros países ni en otras partes del mundo, ya que si algo caracteriza a este aspecto de la psicología, es, como lo manifiesta Hermann (Op. cit., p.4), la tolerancia de múltiples métodos de recolección de datos; si bien la tendencia quizá más fuerte en los últimos cinco años, en nuestra región, es la de dar preferencia a formas cualitativas y a vías alternativas a los métodos tradicionales.
Si bien en relación con esto hay más eclecticismo que creación original surgida de la reciente disciplina.
Como consecuencia de la conciencia y de la delimitación del campo, pero necesariamente ligado a algo que caracteriza a este modo de producción en la América Latina, se produce una redefinición del rol del psicólogo, en función del estudio del tipo de sociedad en que vive, de los efectos psicológicos
que tiene el sistema social sobre los individuos y de las relaciones socioeconómicas, culturales, históricas y políticas de ese sistema social con otros en su inserción en las relaciones internacionales. Surgen así estudios
sobre el papel político del psicólogo en una sociedad en desarrollo o en subdesarrollo, en las relaciones de dependencia y del valor de sus estudios e intervenciones para el cambio social y la liberación, así como respecto de la orientación de ese campo en el nivel individual y de sus consecuencias y
alcances.
El trauma político adquiere una nueva dimensión: la represión, el exilio, la tortura, el miedo, las desapariciones, comienzan a ser conectados a explicaciones y modelos teóricos y a situaciones sociales macroestructurales que permiten darles una nueva proyección. Y esta evolución se nos presenta como
algo natural e inevitable: primero era necesario denunciar, describir, relatar y de alguna manera actuar sobre las víctimas de las situaciones traumáticas, desarrollar formas de intervención terapéuticas a la vez que políticas, pero ineludiblemente luego fue necesario proceder al análisis de los nexos internos, de los procesos y fenómenos y a su explicación en términos abstractos, generales, no por ello incomprensibles ni vagos, sino aplicables a las situaciones genéricas que se pueden derivar de los aspectos comunes a las
situaciones de dominación y represión.
Nuevos temas aparecen en el panorama investigativo: el poder, el liderazgo, la ideología y la alienación, así como algunos de los ya tratados (la socialización política, la comunicación política) son redefinidos teóricamente adquiriendo una nueva dimensión y alcance (el tema del nacionalismo, por
ejemplo).
Esta breve descripción del recorrido hecho por la psicología política en América Latina durante treinta y cinco años, nos da una idea, si bien somera, del proceso de construcción de sí misma que ha seguido, partiendo de la psicología social hasta encontrar un lugar que quiere definir como propio en el
panorama psicológico (la figura 2 muestra su ritmo de crecimiento).

El problema de definir la Psicología Política
Como hemos dicho, la psicología política realizada en la América hispano y lusoparlante deriva de la psicología social, pero de una psicología social que por una parte de interesa en los hechos políticos como objeto de estudio y por otra se cuestiona a sí misma, a su rol social y a su capacidad y modo de
incidencia en la sociedad. Por eso, para muchos autores la diferencia entre una y otra no es nítida. Se ha dicho, además, que toda psicología social es una psicología política: afirmación que si bien responde a una consideración de principio y a la inevitable repercusión que la aplicación de la primera tiene sobre la esfera política y viceversa, no define el área de estudio, pues si es evidente el nexo entre la esfera de lo político y la dimensión psicosocial de un fenómeno, no necesariamente se estará haciendo psicología política propiamente dicha. Pero, ciertamente, delimitar el campo no es tarea fácil.
Fernández Christlieb (1987, p. 75) dice que psicología política es un término genérico, que designa un ilimitable espectro de teorías, métodos y práctica, cuyo único denominador es que establecen una relación difusa entre una psicología imprecisa y una política indefinida. Para este autor, la psicología política es un momento de la psicología social y sólo puede desarrollarse en la medida en que responde a una realidad propia (Idem); en el sentido de integrar a un conocimiento de carácter general, sin ataduras geográficas,
la expresión de un pensamiento teórico y metodológico que surge en una situación concreta. En este caso la de la América que va de México a la Argentina.
Esa relación de límites imprecisos con la psicología social, se evidencia en los contenidos de los manuales existentes, en los cuales al lado de artículos claramente autodefinidos como ubicados en la psicología política, encontramos otros que continúan esgrimiendo su origen y afiliación psicosocial, al
igual que en la misma definición del campo y de los objetivos que proponen algunos autores.

Por ejemplo, Tueros, en Perú (s.f.) sugiere que el área de estudios de lo político se genere a partir de una psicología social que amplíe su objeto, al incluir al comportamiento político, posición que puede ubicarse en el segundo modo de producción antes descrito. La de Fernández Christlieb, en cuanto que plantea una definición y un marco teórico que si bien pareciera partir de una psicología social de la política, rápidamente enuncia las bases de una definición teórica de la psicología política que cae en el tercer modo de producción.

La evolución que se muestra en la figura 1, así como las áreas de estudio predominantes en esta parte del continente (figura 3), señalan una tendencia dominante en la psicología política que en ella se hace. Se trata principalmente de una psicología política para la denuncia y para la transformación social.
Una psicología que al tomar conciencia de su inserción en una peculiar formación económicosocial y en un sistema político y económico internacional, se vuelca hacia los problemas, fenómenos y necesidades propios de las sociedades en que surge, a la vez que intenta definirse y construirse a sí misma, cumpliendo de esta manera la condición que señala Fernández Christlieb (1987).
La producción desarrollada a partir de las postrimerías de la década del 70, y en especial en los 80, parece estar inclinándose cada vez con mayor fuerza hacia lo que podríamos llamar una ciencia de la liberación. ¿Y que se entiende por tal cosa? Martín-Baró (1986; 1989) señaló algunos supuestos generales para la orientación que debía darse a la psicología, a secas, en el contexto primero centroamericano, y luego americano en general.
En 1968 planteaba este autor que los elementos fundamentales para la construcción de tal psicología debían ser:
1) Un descentrarse de sí misma, poniendo como objeto primor dial, no su
propia posición y rango científico y social, sino la atención a las mayorías
populares.
2) Buscar la verdad desde esas propias mayorías populares.
3) Iniciar una nueva práxis psicológica que contribuyese a la transformación
del hombre y la sociedad latinoamericanas, permitiéndoles
conocerse a sí mismos.
En 1989, apoyándose en la teología de liberación, Martín-Baró agrega cuatro características que considera esenciales: su historicidad; su carácter conflictivo que supone una ruptura social; su carácter grupal o colectivo; su carácter identificativo, ya que debe producir la construcción de una identidad
social.

La psicología de la liberación comienza entonces por ser una psicología destinada a definir de manera cada vez más precisa formas para eliminar todos los impedimentos a un adecuado desarrollo y para potenciar que cada ser humano logre la realización más plena de todas sus capacidades ..., pero no desde una perspectiva individualista, sino siempre social. Y además, debemos añadir, en relación inevitable con un sistema político.
Y es aquí cuando de psicología en general, pasa a ser psicología política, puesto que para lograr esos objetivos de desarrollo social e individual, para realizar esas capacidades, es necesaria la libertad y junto con ella, y por ella, el desarrollo de acciones y de procesos cognoscitivos de orden político, relacionados
con ese sistema político en el que por acción directa o por delegación, activa o pasivamente las personas son los actores.
Tras estos argumentos es posible vislumbrar aspectos que responden a lo que se ha llamado la crisis de la psicología social, que comienza a manifestarse desde el inicio de los 70, y que generará una línea crítica que se ha venido planteando en algunos países de América desde 1978 en adelante (Montero,1978; Lane y otros. 1983, por ejemplo), y que se hace sentir en el desarrollo y evolución de la psicología propiamente política en nuestra América, la cual asume ese carácter cuestionador del rol de la disciplina y de los psicólogos, y que más tarde (años ochenta) va a asumir la vía de la liberación.
Estudiar los fenómenos políticos, estudiar la conducta política para señalar su carácter alienante o liberador. Estudiar la ideología para desvelar sus modos de operación. Estudiar la identidad social para redefinirla y que ella se transforme en un vehículo del desarrollo y en una fuente de realización personal, grupal, nacional, supranacional.
En 1990 coincidíamos con el carácter histórico, identificador, desideologizador y desalienante, al plantear que una psicología de la liberación debe estudiar los procesos y conductas que liberan de la opresión, que llevan a la adquisición del control y el poder sobre las circunstancias de vida y a la transformación de esas condiciones por los miembros de grupos, comunidades y colectivos en general. Si bien más que buscar la verdad, preferimos hablar de búsqueda del conocimiento, ya que el concepto de verdad puede ser
tan ideológico como el que más, a la vez que está cargado de una relatividad muchas veces no declarada, otras no admitida. La verdad termina siendo objeto de fe, en tanto que el conocimiento, por definición está sujeto a cambios ligados al devenir social y a su propio proceso de construcción colectiva.

Ligar verdad y conocimiento puede llevar a una mezcla de pasividad y dogmatismo.
Características de esta Psicología Política
El rol del psicólogo
Como hemos visto antes, una tendencia muy clara de esta psicología política es redefinir el rol del psicólogo. Algo que no es ciertamente privativo de esta rama de la psicología, pues simultáneamente se planteaba lo mismo para la psicología social y en particular para la psicología comunitaria, pionera
en nuestro continente de la articulación del eje ciencia- sociedad-transformación social. Y ese rol es fundamentalmente el de agente de cambio social, comprometido con un proyecto social que busque la
libertad, la justicia, la igualdad, la democracia y el respeto de los derechos
humanos.
Los temas y objetivos de liberación
Pero además ciertos temas recurrentes y predominantes configuran a su vez un área de intereses que responde a fenómenos observados en sociedades específicas: la ideología, la alienación, no ya como categorías abstractas de nivel macrosocial; como fuerzas superestructurales que se hacen sentir sobre
los individuos, sino como procesos de carácter tanto social como cognoscitivo que operan a la vez externa e internamente al individuo. Se estudian sus efectos distorsionantes y opacadores de la realidad y del sentido de la vida cotidiana, reductores de las posibilidades creativas y de la acción transformadora de los individuos y de los grupos, pero se estudia también los mecanismos por medio de los cuales esos individuos y grupos se convierten en generadores y reproductores de ambos fenómenos, y cómo todo ello se inserta en
una lógica social, la lógica de formas de dominación específicas. Y especialmente, los efectos que esos procesos tienen sobre la identidad y sobre la desidentificación de los pueblos americanos. Es decir, la minusvalía nacional; la dependencia; el altercentrismo, entre otros.
Los objetivos fundamentales son entonces la concienciación, la desideologización, la identificación positiva, el fortalecimiento de la sociedad civil, la incorporación activa a esa sociedad civil de las mayorías oprimidas y explotadas.
Si a ello unimos el trabajo que durante años se ha hecho desde el exilio y desde la represión, desde la vivencia cotidiana de las formas de opresión que coexisten con sistemas formalmente democráticos y que proliferan en lasdictaduras, tendremos un panorama bastante claro de los orígenes de una
orientación liberadora para la psicología política, así como para otras derivaciones de la psicología social genérica.
Se trata entonces de asumir el objeto usualmente concebido como "propio" de la psicología política, esto es, los comportamientos y procesos de la vida política (Montero y Martín-Baró, 1987, XI), la interacción entre tales fenómenos y la psicología (Hermann, 1986); sus efectos psicológicos, y a su vez, la influencia de los procesos psicológicos sobre ellos (Stone, 1981); o como propone Seoane (1988), los fenómenos históricos y colectivos representados en individuos o en comunidades, que constituyen la motivación de un pueblo para organizarse socialmente y adquirir una identidad propia. Puntualizando como objeto de estudio fundamental, el énfasis en los fenómenos que el devenir histórico de nuestras sociedades ha señalado como nuestra
problemática psicopolítica por excelencia.
Enfoque dinámico
El enfoque dinámico, dialéctico, que asume el carácter esencialmente móvil, de acción, interacción y transformación para todo fenómeno humano.
Perspectiva construccionista
La perspectiva construccionista y crítica, ya que en ese proceso dinámico, la persona es siempre un agente activo que construye su realidad, se construye a sí mismo y es construido simultáneamente por los otros (individuos, grupos, sociedad). Pero también puede someter a revisión, crítica y rechazo sus propias construcciones y las de los otros.
Carácter histórico
El carácter histórico y la situación geográfica de los fenómenos políticos.
El estudio de tales fenómenos no puede descontextualizar los hechos o procesos objeto de análisis, abstrayéndolos del lugar y del tiempo en que se producen, desligándolos a la vez de sus antecedentes y de su propio impactoy repercusiones. El carácter político de un fenómeno está intrínsecamente
ligado al devenir de la sociedad en que se produce.
Una orientación general de la Psicología Política: Responder a la problemática del lugar en que se hace
En este sentido es interesante observar cómo esa respuesta a las exigencias de sociedades específicas marca y define a la psicología política. Por ejemplo, Seoane (1990), en España, manifiesta que ... la psicología política, tal como la entendemos hoy, es en gran medida el resultado de tres parámetros: democracia, relativa normalidad y actualidad. Este último parámetro referido al énfasis en el estudio de la época actual. Para nosotros, los parámetros, por el contrario, han sido: dictadura o formas autoritarias de gobierno,
relativa anormalidad y actualidad. Entendiendo por la segunda, por ejemplo, el carácter errático, mediatizado y desprovisto de representatividad y decisión, que en muchos países de América tienen los procesos electorales y el voto. O la imposibilidad de analizar el discurso de un gobernante sin correr
peligro o sufrir violencia; así como la imposibilidad y aun peligrosidad de referirse en la investigación a la acción política de quienes ejercen la función de gobierno sin sufrir toda suerte de dificultades e impedimentos. Pocos pero elocuentes ejemplos de "relativa anormalidad".
Si revisamos rápidamente la producción psicopolítica de nuestra América, veremos que la frecuencia más alta se refiere justamente a la represión y a los estudios concernientes al nacionalismo, la identidad social y la conciencia social. Y estos se distribuyen desde México hasta Argentina1 y evidentemente responden a la necesidad urgente, en nuestras sociedades, de atender a las causas y efectos de la represión y a los problemas derivados del predominio de una identidad negativa y de un nacionalismo mecánico, de los efectos de la dependencia y de las representaciones y significaciones sociales negativas.
Una comprensión de los contenidos de cuatro manuales de psicología política, y de un número especial dedicado al tema en la revista Psychologie Francaise, publicados entre 1986 y 1990 en los EEUU, Venezuela, España y
1 Hay una abundante literatura sobre ello. Montero (1986, 1987) presenta información al respecto
Francia (Hermann, 1986; Montero, 1987; Seoane y Rodríguez, 1988; Seoane, 1990; Ghiglione y Dorna, 1990), confirma lo que venimos exponiendo.
Los trabajos publicados en los EEUU se refieren a los temas considerados tradicionalmente como propios de la psicología política, que por otra parte, tiene su mayor empuje en ese país. Ellos tratan: procesos cognoscitivos (creencias, valores); bases biológicas; relaciones con la opinión pública; procesos
de conducción política; de formación política (socialización) y sus resultados; relaciones internacionales; conflictos; protestas; terrorismo político; psicohistoria y desarrollo de la disciplina. Esta enumeración muestra un cierto énfasis en la conducta individual inserta en el campo político, en la influencia de los líderes (en especial presidentes) y en el desarrollo de la disciplina.
Los trabajos publicados en España cubren también algunos de esos campos (socialización, conflicto, creencias, psicohistoria, desarrollo de la disciplina), pero presentan al mismo tiempo gran interés por la participación política, por los movimientos sociales, por la ideología, por el poder, el autoritarismo,
la identidad étnica y el nacionalismo, problemas éstos que son tratados desde la realidad sociopolítica de ese país, atendiendo a la peculiar relación existente entre las regiones que los integran y al proceso de domocratización que se produce con la desaparición de la dictadura franquista, a mediados de
la década del 70.
El número de Psychologie Francaise (1990) dedicado a la psicología política recoge seis artículos: tres referidos al desarrollo de la disciplina en Europa, América Latina y los EEUU; dos sobre el análisis del discurso y uno sobre el papel que desempeña el centrismo político en ese país (realizado
mediante el análisis de discurso). Evidentemente, esta breve selección no pretende dar una imagen representativa de la psicología política que se hace en Francia, pero si presentar una visión de lo que esta rama de la psicología puede lograr en algunos campos y de sus tendencias actuales. En particular
los tres trabajos provenientes del GRP2 responden a una problemática de actualidad para ese país y muestran la relación existente entre psicología política, psicología social y acontecer nacional.
2 GRP= Groupe de Recherche sur la Parole.
Centro de Investigaciones existente en la Universidad de París 8, Francia.

La publicación latinoamericana, coordinada por la autora (1987), reúne trabajos provenientes de siete países (Argentina, Brasil, Cuba, Chile, El Salvador, México y Venezuela) y diez autores. Los temas tratados en ella coinciden con los de Hermann (1986) y los de Seoane y Rodríguez (1988) y Seoane (1990), en que tratan igualmente el desarrollo de la disciplina pero referido a la América Latina, luego considera aspectos teóricos y conceptuales, para pasar seguidamente a la identidad social en relación con la dependencia,
con la acción religiosa, la ideología y con el supranacionalismo latinoamericano (latinoamericanismo). Incluye la represión, la acción política de los sindicatos y finalmente, la guerra nuclear desde la perspectiva de un país periférico. Una nueva recopilación, igualmente internacional (Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, El Salvador, Perú, Venezuela y un trabajo hecho en Francia), actualmente en prensa (Montero, 1991), reúne nuevamente trabajos sobre identidad social y cultural, sobre guerra psicológica y represión,
sobre discurso político (de los militares, de la oposición), sobre el efecto de una minoría activa que no por perseguida deja de ser eficaz, y como es usual en este tipo de manuales, también hay consideraciones sobre la disciplina misma (su desarrollo y su método).
Martín-Baró (1983) consideraba que el lugar desde donde se hace la psicología marca ese quehacer, por lo tanto, debe ser un elemento identificador del mismo. Pero aún si no aparece explícito, la relación con el tipo de sociedad en que se produce hace sentir su influencia. Obviamente, la psicología política que se está produciendo actualmente así lo deja ver, si bien no siempre esa localización es una premisa para sus autores.
A modo de conclusión
La orientación que hemos presentado para la psicología política en América Latina, no es ciertamente la única. Es posible predecir, y es deseable que así sea, que al lado de esta orientación manifiesta se desarrolle otra que ya viene apuntando, que se ocupa primordialmente de los temas "tradicionales".
Pero para que tal psicología política pueda crecer y fortalecerse es necesario que las condiciones en que ella se realice sean propicias. Que la "relativa anormalidad" ceda su lugar a la "relativa normalidad", que el sistema democrático de gobierno impere realmente, que haya paz y no la violencia de la guerra ni la violencia cotidiana del atropello a los derechos, que una fuerte sociedad civil haga sentir su voz y su acción y desarrolle una conciencia social para sí. Para ello, la orientación que se sigue en muchos centros de investigación en diversos países americanos, trata de allanar el camino.




Referencias
Fernández Christlieb, P.(1987): Consideraciones teórico-metodológicas sobre la Psicología
Política. En M.Montero (Coor.): Psicología Política Latinoamericana. Caracas,
Panapo, 75-104.
Ghiglione,R.-Dorna,A.(Coor.)(1990): Psychologies Politiques. Psychologie Francaise.
Vol. 35, Nº2.
Hermann,M.(Ed.)(1986): Political Psychology. San Francisco: Jossey-Bass.
Knutson,J.(Ed.)(1973): Handbook of Political Psychology. Washington: Jossey-Bass.
Lane,S.T.M. y otros (1983): Psicología Social. O homen en movimiento. Sao Paulo, Brasiliense.
Martín-Baró,I.(1983): Acción e ideología. Psicología social desde Centroamérica. San
Salvador, UCA editores.
Martín-Baró,I.(1986): Hacia una psicología de la liberación. Boletín de Psicología. UCA.
22. 219-231.
Martín-Baró,I.(1989): Retos y perspectivas de la psicología en América Latina. Guadalajara,
Conferencia en la Universidad de Guadalajara.
Montero,M.(1978): Para una psicología social histórica. Boletín de la AVEPSO. I, 1.
1978.
Montero,M.(1986): Political Psychology in Latin America. En M.Hermann (Ed.): Political
Psychology. San Francisco: Jossey-Bass.
Montero,M.(Coor.)(1987): Psicología Política Latinoamericana. Caracas, Panapo.
Montero,M.(1987): La psicología política en America Latina. Una revisión bibliográfica
(1956-1986). En M.Montero (Coor.): Psicología Política Latinoamericana. Caracas,
Panapo.
Montero,M.(1990): Psicología de la liberación. Elementos para la construcción de una
teoría psicosociológica. Hamburgo, Conferencia dictada en la Universidad de Hamburgo
(en prensa).
Montero,M.(Coor.)(1991): Acción y discurso. Problemas de la Psicología Política Latinoamericana.
Caracas. Panapo (en prensa).
Montero,M.-Martín-Baró,I.(1987): Presentación. En M.Montero (Coor.): Psicología
Política Latinoamericana. Caracas, Panapo.
Seoane,J.(1990): Psicología Política de la Sociedad Contemporánea. Valencia: Promolibro
(Colección Psicología Teorética).
44 Psicología Política, Nº 3, Noviembre 1991
Seoane,J.-Rodríguez,A.(Eds.)(1988): Psicología Política. Madrid: Pirámide.
Tueros,M.(sf): Una agenda para empezar una psicología política. Psicología (revista de
información y análisis), pp. 17-19.
Stone,W.F.(1981): Political Psychology. A Whig History. En S.I.Long (Ed.): The Handbook
of Political Behavior. Vol. I. New York: Plenum.

lunes, 24 de febrero de 2014

PSICOLOGÍA CRÍTICA: ¿QUÉ ES Y QUÉ NO ES? - Ian Parker

Parker, I. (2009) ‘Psicología crítica: ¿Qué es y qué no es?’ [‘Critical psychology: What it is and what it is not’], Revista Venezolana de Psicología Clínica Comunitaria, 8, pp. 139-159. [Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, ISSN: 1316-886X] [SPANISH]

PSICOLOGÍA CRÍTICA: ¿QUÉ ES Y QUÉ NO ES?
Ian Parker1
Resumen
La psicología crítica nos alerta sobre las limitaciones de la investigación mainstream en la disciplina y promete colocar los temas ‘sociales’ en la agenda de toda la psicología. Un punto de partida de la psicología crítica es que los alegatos hechos sobre los seres humanos suelen desaparecer tan rápido como son descubiertos. Las personas, grupos o culturas no se comportan o piensan como el modelo lo predice y, aún más importante, encontramos que nuestra consciencia, nuestra reflexión sobre el proceso, cambia ese proceso. El cambio está en la naturaleza del ser humano, cambiar en la medida en que distintos recursos lingüísticos, prácticas sociales y representaciones del sí-mismo aparecen. Asimismo que la naturaleza humana se cambia a sí misma en la medida en que las personas piensan sobre quiénes son y quiénes pueden llegar a ser. Así que cualquier intento de fijarnos en un solo sitio está destinado a fracasar. Pero sólo fracasará de un modo que nos permita algo productivo si hacemos algo distinto y un lugar para hacerlo de manera distinta es en la psicología. Necesitamos tomar distancia y ver las imágenes del sí-mismo, de la mente y la conducta que los psicólogos han producido, el tipo de prácticas con que se comprometen y el poder que esas prácticas, que esas ‘tecnologías del sí-mismo’ tienen para fijar límites al cambio. Cuando apreciamos esto podemos comenzar a ver las opciones que tienen los psicólogos desde una aproximación verdaderamente crítica.

Palabras claves: psicología crítica

Abstract
Critical psychology alerts us to the limitations of mainstream research in the discipline, and it promises to put social issues on the agenda in the whole of psychology. A starting point of the stance of critical psychological research is that the claims that psychologists make about human beings often seem to vanish almost as quickly as they are discovered. People, a group or culture do not behave or think like the model would predict, and, more importantly, we find that our awareness, our reflection on a process described by a psychologist changes that process. It is in the nature of human nature to change, to change as different linguistic resources, social practices, and representations of the self become available, and for human nature to change itself as people reflect on who they are and who they may become. That means that any attempt to fix us in place must fail. But it will only fail in such a way that something productive emerges from it if we do something different, and one place to do something different is in psychology. We need to step back and look at the images of the self, mind and behaviour that psychologists have produced, the types of practices they engage in, and the power those practices, those technologies of the self have to set limits on change. When we appreciate this, we can start to look at what psychologists might do instead as part of a genuinely critical approach.

Key words: critical psychology

Elementos de Psicología Crítica
En este artículo estableceré qué debería ser la psicología crítica y la manera en que coloca a lo ‘social’ en el resto de la psicología, antes de regresar a algunas de las acusaciones hechas contra ella por psicólogos de las corrientes dominantes (para una elaboración más completa del desarrollo de estos elementos ver, Parker, 1999).
En primer lugar, la psicología crítica devuelve la mirada del psicólogo sobre la disciplina. Los psicólogos normalmente estudian a las personas fuera del ámbito de la psicología que tratan como los no-psicólogos. Ahora estudiamos a los psicólogos. Nos preguntamos, por ejemplo cómo la psicología evolucionista confirma las diferencias entre los hombres y las mujeres y los hace ver como biológicamente inmodificables; cómo la psicología psicoanalítica patologiza a las lesbianas y a los hombres gay en nombre de los estadios normales de desarrollo; cómo la evaluación de la inteligencia refuerza la idea de diferencias esenciales subyacentes entre distintos grupos étnicos y cómo el estudio de las organizaciones para hacerlas funcionar de manera más fluida también les facilita las herramientas para aplastar cualquier disenso (ver por ejemplo: Burman, 2008; Kamin, 1974; Richards, 1996). Estos errores y crímenes pasados de la psicología a menudo parecen como simples eventos históricos para los psicólogos contemporáneos, pero la práctica cotidiana de la psicología terapéutica, organizacional y de recursos humanos a menudo sigue estando influenciadas por esas ideas. Las críticas de esos crímenes y errores en la psicología entonces son parte de la discusión que estamos intentando avivar dentro de la disciplina como parte del aporte de la psicología crítica (Parker, 2007; Sloan, 2000; Walkerdine, 2002). Podemos resumir todo esto diciendo que la ‘psicología crítica es el examen sistemático de cómo algunas variedades de la acción y experiencia psicológica son privilegiadas en contraposición a otras y cómo los discursos dominantes de la “psicología” operan de manera ideológica al servicio del poder. En segundo lugar, los psicólogos críticos a menudo asumimos que donde hay poder, hay resistencia y que en cada práctica dominante hay contradicciones y espacios para  trabajar para retar y cambiar el estado actual de las cosas. La psicología dominante es incoherente y las perspectivas rivalizan entre sí para suplantar a sus competidores; y a su vez, defensores de distintos paradigmas metodológicos discuten con acritud  los procedimientos adoptados por colegas que bien pueden estar trabajando en el mismo departamento. Esa incoherencia es una de nuestras fortalezas. Por ejemplo, una prueba psicológica que es utilizada para estigmatizar niños que fallan en su ejecución también puede ser utilizada para rescatar a un niño de una escuela ‘especial’. La atención a la estructura de la familia nuclear y su estudio de las fuerzas sistémicas que contribuyen a la aparición del malestar del ‘paciente identificado’ también puede servir de apoyo en contra de los diagnósticos biológicos. Las imágenes humanistas de la persona que a menudo individualizan las explicaciones también pueden ser utilizadas para retar los estudios experimentales. Sin embargo, mientras buscamos resistencia en estas ideas, realmente no creemos profundamente en ninguna de ellas. Lo que importa en esta actividad dialéctica es buscar las tácticas políticas, no las verdades subyacentes (ver por ejemplo: Billington, 2000; Goodley y Lawthom, 2004; House, 2002). Así, la ‘psicología crítica es el estudio de las maneras en que todas las variedades de la psicología son construidas cultural e históricamente y como las variedades alternativas de la psicología pueden confirmar o resistirse a las presunciones ideológicas en los modelos dominantes.
En tercer lugar, la psicología no opera sólo en las universidades y en las clínicas. No es sólo el cuerpo de hombres y mujeres armados con instrumentos para evaluar e intervenir en los centros de formación y los hospitales. Necesitamos ir más allá de la psicología académica y profesional y dedicarnos a estudiar la manera en que a psicología ha reclutado a miles de académicos y profesionales que utilizan sus ideas y recurren a sus teorías para apoyar sus propios programas de normalización y patologización. El problema aquí no tiene sólo que ver con las imágenes particulares de ser humanos que son mostradas por los medios de comunicación (en que las conductas desadaptativas son explicadas con referencia a los factores neurológicos, por ejemplo) sino también la invitación a las personas a creer que la fuente de los problemas está escondida dentro de ellos mismos y que ellos mismos serán liberadas al hablar con otras personas (como sucede en los programas de radio y televisión que exigen a las personas confesar sus problemas emocionales y profesar querer cambiar para ser mejor personas). Y, por ende necesitamos estudiar la manera en que la psicología recluta a todo tipo de personas que leen y creen en sus teorías de las diferencias individuales y de la conducta feliz y saludable. Esta investigación crítica se dedicaría a estudiar la manera en que todos somos reclutados por la cultura psicológica (ver por ejemplo: Blackman y Walkerdine, 2001; Gordo López & Cleminson, 2004; Rose, 1996). En resumen,  ‘la psicología crítica es el estudio de las modalidades de vigilancia y auto-regulación en la vida cotidiana y las maneras en que la cultura psicológica opera más allá de los límites de la práctica académica y profesional’.
En cuarto lugar, la disciplina de la psicología pretende ser una ciencia, pero para construir su objeto, toma sus imágenes de lo que es un ser humano de la cultura y de la vida cotidiana. Parte de la de-construcción de la psicología es el estudio de las maneras en que la ideología en la sociedad provee las ‘condiciones de posibilidad’ para que la psicología exista.  Las teorías de la psicología no salen de la nada. No caen del cielo. Y podemos utilizar la amplia variedad de teorías acerca de nuestras distintas psicologías para interrumpir y desmontar las historias dominantes contadas por los académicos y los psicólogos profesionales, ya sean estas clínicas, educativas, forenses u organizacionales (ver por ejemplo: Hansen, McHoul y Rapley, 2003; Hook, 2007; Parker, Georgaca, Harper, McLaughlin y Stowell-Smith, 1995). Esto significa que la ‘psicología crítica es la exploración de la manera en que la psicología del día a día, la “psicología cotidiana”, estructura el trabajo académico y profesional de la psicología y cómo las actividades diarias pueden proveer la base para resistir a las prácticas disciplinarias contemporáneas’. La psicología crítica adopta muchas formas distintas, y alrededor del mundo hay nuevas perspectivas desarrollándose que aumentan y refinan estos cuatro elementos (ver por ejemplo, la colección de trabajas dedicados a la psicología crítica alrededor del mundo en Dafermos, Markavis y Triliva, 2006). Estos cuatro elementos de la psicología crítica son a menudo rechazados por psicólogos que han sido entrenados en los viejos programas reduccionistas y positivistas y los psicólogos de vieja guardia reaccionan a la psicología crítica en una serie de formas que necesitamos atender.

Representaciones erradas de la Psicología Crítica
Varias de las acusaciones que a menudo se hacen contra los psicólogos críticos por parte de los psicólogos de corrientes dominantes revelan errores serios en la representación de lo que los psicólogos críticos hacen. Estos errores luego circulan y dificultan nuestra labor; la labor de desentrañar y rechazar las presunciones hechas por la psicología profesional y popular, guiadas por los cuatro elementos mencionados anteriormente. Voy a atender a las más poderosas y dañinas de las acusaciones hechas por los psicólogos mainstream[1]; espero demostrar así que contamos con recursos con que defendernos.

1.   ‘La psicología crítica sólo le interesa la psicología social’
 No. Algo del trabajo crítico más innovador ha sido dentro de la psicología social y existen buenas introducciones a las perspectivas críticas en el área (por ejemplo: Gough y McFadden, 2001); a su vez, un análisis de la ‘crisis’ en la psicología social es necesario para el trabajo crítico (por ejemplo: Parker, 1989). En Europa esta crisis fue identificada por aquéllos que de manera optimista creyeron que una ‘crisis de paradigma’ en la disciplina sería seguida por una ‘revolución científica’ en que la investigación cualitativa triunfaría como una metodología dominante para una psicología renovada (por ejemplo: Harré y Secord, 1972). En los Estados Unidos, la crisis fue la base desde la cual se propuso que la investigación en psicología social era el reporte de formas históricamente específicas de conducta que cambiarían y por ende necesitarían que las metodologías cambiaran también (por ejemplo: Gergen, 1973, 1999). Es demasiado fácil para los psicólogos mainstream hacer como si la crisis ha terminado, porque sin importar cuán grande es el dominio de la investigación experimental en algunos departamentos, las quejas y las alternativas están proliferando en la disciplina en distintas partes del mundo. Ahora hay desarrollos igualmente importantes en la psicología cognitiva, por ejemplo. La investigación sobre el discurso, por tomar una muestra, ha sido útil para mostrar como el razonamiento y el recuerdo son ‘relatados’ y se desarrollan de manera colectiva (Edwards y Potter, 1992). La psicología de la acción, una tradición que floreció en la Unión Soviética enfocando las prácticas materiales en que lo procesos ‘mentales’ se desarrollan, ha conectado estas perspectivas cognitivas con modalidades de práctica (por ejemplo Hepburn, 2003; Tuffin, 2004). Mientras los psicólogos cognitivas han estado produciendo diagramas y flujogramas que muestran la memoria a corto plazo, a largo plazo y dibujos elaborados de la parte interna de la cabeza, como si fuese un archivo o una computadora, los analistas de discurso han podido dar lecturas más persuasivas de lo que hacemos cuando pensamos. El pensamiento ocurre entre personas, en las mismas maneras en que usamos el lenguaje. La psicología mainstream asume que debe haber algún mecanismo cognitivo escondido haciendo el trabajo y por ende, estudia lo que está adentro. La psicología crítica en cambio, nos anima a reflexionar sobre las asunciones subyacentes en la disciplina y nos señalaría en este caso que tenemos que reformular el problema. La pregunta no es ‘¿qué hay en la mente?’ sino ‘¿qué hay detrás de lo que llamamos mente? Nuestra actividad cognitiva sucede en una red de relaciones, discursos y prácticas que aprendemos, narramos y reconstruimos como seres humanos y esta red nos permite pensar de la manera en que lo hacemos (Lave, 1988).
Un problema para el trabajo crítico es que, en la psicología académica, el discurso que utilizamos para hablar, escribir y aprender acerca del pensar es parte de un posicionamiento poderoso en la enseñanza. Cuando uno estudia psicología siempre se conduce a la idea de que el pensamiento es una actividad aislada y separada y cuando se es evaluado a menudo el pensamiento será físicamente separado de la persona; por ejemplo en los exámenes, se pide a la persona saque lo que ha acumulado dentro de su cabeza y su habilidad será juzgada por mediciones de lo que se ha podido escribir. Pero, como ocurre con los laboratorios experimentales, esto seguramente es muy distinto que pensar en el mundo real. Pensar y recordar tiene que ver con cómo se juntan soluciones y recuerdos con otros y cómo la persona negocia todo eso, cómo practica lo que podría decirle a audiencias imaginarias y cómo repite lo que ha dicho antes (Middleton y Edwards, 1990). La cognición tiene tanto que ver con cosas relacionales como con cosas que están dando vueltas en privado. Esto no significa que la psicología crítica necesariamente rechaza el estudio de la cognición (Wilson, 1999), pero sí enfatizan que cuando las personas piensan alguien más está siempre involucrado. Sólo podemos pensar gracias al lugar que ocupamos en la red de relaciones con otras personas y por los patrones de discursos que le dan forma a nuestra imagen del mundo y de nosotros mismos (Parker, 2002).

2.   ‘La psicología crítica convierte todo en un tema político’
No. El problema no es que convertimos a la psicología en política sino que ella ya es política y que esto es algo que la psicología mainstream no le gusta reconocer. La política no es sólo votar en las elecciones; la manera en que formamos relaciones y vivimos nuestra vida al nivel más íntimo también  es político. La atención a la ‘política personal’ entonces, necesita incluir el trabajo crítico sobre la sexualidad, la psicología y el poder. Investigación sobre la sexualidad revela de manera condensada la manera en que la ciencia psicológica opera como retórica, tomando de algunos prejuicios culturales y diseñando la retórica para producir ciertos efectos. Por ejemplo, la investigación sobre lesbianismo desde una perspectiva construccionsita social ha sido capaz de contrarrestar esta retórica al exponer la las falsas presunciones de objetividad y los propósitos políticos que le subyacen (Kitzinger, 1987).  La historia de la psicología lesbiana y gay también aclara como modalidades alternativas de retórica respecto a orientaciones sexuales alternativas tuvieron que hacerse acompañar de acciones concretas para poder cambiar las cosas con relación a los derechos de los distintos grupos.
La homosexualidad permaneció como una categoría de trastorno en el Manual Estadístico y Diagnóstico de Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana hasta 1973, pero fue eliminada luego de protestas recurrentes hechas por los activistas gay durante las reuniones de la Asociación Psiquiátrica Americana, lo que eventualmente obligó a someter el tema a votación. Aunque a veces pareciera que los cambios en nuestra comprensión de la psicología provienen de la investigación neutral imparcial, estos eventos muestran cómo nuestra imagen de nosotros mismos están profundamente afectada por las fuerzas políticas en juego. Sin embargo, deberíamos notar que el mismo éxito de la psicología lesbiana y gay en los Estados Unidos, con sus conferencias, cursos y revistas propias genera dudas sobre lo que se ha logrado (Brown, 1989); y por ende, los psicólogos críticos también examinarán la manera en que los estilos de vida alternativos también se psicologizan al intentar ganar legitimidad y hablar en el mismo lenguaje de los poderosos. En este sentido la pregunta que habría que hacerse es en términos de quién hablan de sí mismos los hombres gay y las lesbianas. La retórica de la psicología humanista liberal de ‘identidad’ y ‘autoestima’, por ejemplo, hace pensar que cualquiera de los problemas que los gays y las lesbianas tengan debe ser tratado al nivel de la psicología individual y que cuando hayan hecho eso lograrán llevar vidas más felices y saludables, como los heterosexuales. Los investigadores críticos que trabajan en este campo han argumentado a favor de una estrategia para intentar voltear las cosas, preguntando de qué maneras la ‘heterosexualidad’ puede ser el ‘problema’ (ver: Kitzigner, Wilkenson y Perkins, 1992), y esta estrategia reta a un nivel profundo, ‘personal’, las presunciones que hacemos de nosotros mismos. También nos recuerda que es políticamente importante defender las estrategias de trabajo que los psicólogos utilizan cuando trabajan dentro de una disciplina hostil (Kitzinger, 1999).
La lección general que sacamos de esto es que deberíamos atender a las agendas políticas de aquéllos que han intentado utilizar la psicología para decirnos cómo podemos o no comportarnos, aquellos que definen nuestras capacidades para cambiarnos a nosotros mismos utilizando como referencia los ‘modelos psicológicos’.  Esas agendas políticas a veces operan a pesar de las intenciones honestas de los investigadores psicológicos, pero esos investigadores a su vez tienen que trabajar dentro de los marcos metodológicos y teóricos que encierran agendas políticas implícitas. Cada intento de especificar nuestras verdaderas funciones psicológicas subyacentes funciona como un límite sobre la capacidad humana para el cambio; si las personas refutan lo que los psicólogos les dicen serán capaces de cambiar a la sociedad y en el proceso crearán los cambios en las maneras en que nos comportamos y experimentamos nuestras conductas. Por eso también es que no queremos desarrollar ‘psicologías alternativas’ que prometan decirnos la verdad porque sabemos que cada afirmación de verdad sobre la psicología humana tenderá a operar como un programa político que está enraizado en los horizontes políticos limitados del presente (Parker, 2003a).

3.   ‘La psicología crítica solo le interesa la teoría y no tiene nada que decir sobre la metodología’
No. Toma muy en serio a la metodología y lo hace porque el ‘método’ a menudo es la única cosa que mantiene unida a la psicología (Rose, 1985). Hacer cuestionamientos sobre la ‘metodología’ es una manera de hacer cuestionamientos sobre la psicología (Parker, 2005). Esta es una de las razones por las cuales aquellos que hacen trabajo crítico se han interesado por el análisis de discurso, porque es una metodología bastante distinta que se enfoca sobre cómo las formas del lenguaje estructuran la experiencia y la conducta (ver: Parker, 2002). Una manera de atacar el problema del papel de la psicología es tratar a la jerga psicológica como un discurso poderoso que circula en la cultura Occidental.  La investigación sobre el discurso puede permitirnos tomar distancia de la psicología y tratar a los reportes hechos por los psicólogos como discursos, más que hechos acerca de la conducta y la experiencia que normaliza las cosas que son aceptables y patologizan a aquellos que no calzan (Burman y otros, 1996). El análisis de discurso puede ser convertido en una modalidad de la investigación acción cuando invita a las personas a hacer conexiones entre el lenguaje, el poder y la resistencia. Sin embargo, necesitamos adentrarnos en la reflexión metodológica sobre los problemas de esta aproximación, notando por ejemplo, cómo el foco en el lenguaje podría desviar a las personas de otros temas más urgentes de las acciones políticas y opresivas (Parker, 2003b).
Entre otras opciones metodológicas, las aproximaciones narrativas hacen una conexión más directa entre los lenguajes y la experiencia que muchos estudios de análisis de discurso porque cuando las personas hablan intuitivamente organizan sus palabras en una cadena narrativa (más que producir ‘pedazos’ de ‘repertorios’ o ‘discursos’ que los analistas discursivos tienden a describir). En la actualidad, ya hay un movimiento político inspirado por las discusiones teóricas de la representación de la identidad en la narración y aquí hay una oportunidad de enfocarnos sobre cómo las historias que contamos de nosotros mismos son historias personales que no necesariamente reflejan nuestras peculiaridades ‘psicológicas’ (ver, por ejemplo, Frosh, 2002). Mientras construimos una narración distinta acerca de quiénes somos nos volvemos capaces de abrir nuevos espacios para retar las categorías que son utilizadas por aquellos en el poder para fijarnos en nuestros lugares; la teoría queer y la política queer, por ejemplo, han mostrado cómo las narraciones orientadas heterosexualmente que contamos acerca de nosotros pueden ser convertidas en acción para que la persona no quede atrapada en las categorías de ‘heterosexual’ o ‘gay’ que sirven para dividir a las personas entre sí dentro de la sociedad contemporánea. Aún entonces, no tomamos las posiciones de esta propuesta metodológica en vano; al mismo tiempo que la afirmación de que la identidad es simplemente el efecto de una narración puede hacer la vida más difícil de aquellos que insisten en que han descubierto su “verdadera” identidad como miembros de una comunidad particular. En la perspectiva crítica es necesario trabajar con el potencial de cada una de las aproximaciones nuevas, para luego reflexionar sobre los límites que tal aproximación puede producir al hacerse popular dentro de la disciplina. De la misma manera podríamos dirigirnos a la etnografía como una buena corrección al a psicología mainstream y la psicología narrativa; la etnografía tiene el potencial de permitir a los miembros de una comunidad cuestionar las maneras en que son obligados bajo coerción a adoptar un tipo de identidad particular diciendo que en verdad les gusta cuando podría no ser así. La investigación etnográfica que atiende a los procesos de inclusión, exclusión y poder puede convertirse en una forma de investigación acción, investigación que deliberada y explícitamente intenta cambiar el mundo en el mismo proceso de estudiarlo. En este caso se trata de una investigación acción que rompe los intentos de ser ‘neutral’ y ‘objetiva’ y que intenta transformar las relaciones sociales y animar a las personas a pensar críticamente sobre el conocimiento que los expertos producen acerca de ellos mismos  (por ejemplo, Goodley y Parker, 2000). Pero al mismo tiempo, para llevar aún más allá el argumento crítico, una etnografía que no involucra a las personas en el trabajo como co-investigadores todavía sigue dando el punto de vista de un ‘extranjero’ que observa y le comenta a los demás. Por ende, algunos psicólogos críticos pueden usar las entrevistas como una metodología y esta ha sido una manera de recoger registros y conectarse más directamente con la experiencia (ver, para más discusión de estas aproximaciones, Parker, 2005).
De nuevo esta aproximación, como cualquier otra metodología, está enmarcada en la necesidad de generar un producto académico y sólo una crítica política de la disciplina de la psicología como herramienta, dentro de un aparato de control e individualización bajo el capitalismo, nos permite tomar distancia colocarnos fuera del marco del trabajo académico y hacer algo más efectivo. Por encima de todo, muchos de nosotros estamos interesados en la investigación acción, pero no tratamos a la investigación acción como un ‘método’. Toda investigación es una acción que trabaja para o en contra del poder (Prilleltensky y Nelson, 2002) y la gente puede tener buenas razones para no participar en cualquier proyecto de ‘fortalecimiento’ que amenazan con debilitarlos aún más mientras los académicos terminan como los únicos beneficiados (Cooke y Kothari, 2001). El problema con la mayoría de la psicología mainstream es que, o deliberadamente deja las cosas como están –explícitamente reproduce las relaciones de poder existentes-o pretende que la indagación científica o la interpretación sea neutral, y por ende, le da un apoyo tácito a aquellos que están en el poder. En la investigación psicológica crítica buscamos abrir la posibilidad de trabajar de manera ‘prefigurada’ –anticipando una mejor sociedad en el mismo proceso de luchar por ella (Fals Borda y Rahman, 1991; Freire, 1972). Un énfasis en el aspecto prefigurativo de la investigación nos dirige la atención a la manera en que todos los aspectos de nuestra interacción diaria y vida interna están calzados en las estructuras sociales de forma tal que lo que ocurre en la esfera ‘personal’ está íntimamente conectado con los patrones más amplios de poder y resistencia.

4.   La psicología crítica sólo está interesada en la investigación cualitativa
No. Es cierto que el trabajo crítico en la disciplina en los últimos años ha albergado muchas sospechas acerca de cualquier reducción de la investigación a número, de forma que la cuantificación en sí misma se ha visto algunas veces como un problema que sólo puede ser resuelto evitando las estadísticas o cualquier cosa que se asemeja a la “ciencia dura”. La investigación cualitativa que recoge reportes de las personas o busca indagar en sus entrevistas acerca de las experiencias o interpretaciones en contextos cotidianas ha sido por ende preferida como estrategia metodológica por muchos psicólogos críticos. Sin embargo, siempre necesitaremos saber qué tan difundido está algún tipo de patrón de conducta para poder tener una impresión de la estructura general de la acción y la experiencia y muy posiblemente necesitaremos de las estadísticas para hacerlo. Trabajos hechos por el Grupo de Estadísticas Radicales, por ejemplo, desarrolla maneras de utilizar el análisis cuantitativo sin convertir a las personas en cosas (algo que la psicología demasiado a menudo hace) y, en cambio, nos ayuda a interpretar estadísticas de manera que podamos conectar estas cosas extrañas con el mundo real (Dorling y Simpson, 1999).
Si estamos interesados en las experiencias de desigualdad para las niñas en el salón de clases de ciencia, por ejemplo, también necesitaremos saber cuántos niños y niñas terminan teniendo ‘éxito’ en las materias científicas y cuántos hombres y mujeres terminan formándose en esas carreras. Ha habido algunos análisis muy complejos dentro de la psicología crítica de la manera en que las niñas se les enseña en los salones de clases a no aprender matemáticas y este análisis de los discursos de las maestras cobra sentido porque también sabemos algo de las pocas mujeres matemáticas que hay en el mundo (Walkerdine y la Unidad de Niñas y Matemáticas, 1989). De esta manera, es posible dar un reporte contextualizado de la relación entre cuantificación, cognición y la reproducción de la masculinidad estereotipada (Walkerdine, 1988). La cuantificación entonces es importante para el trabajo crítico y este tipo de análisis puede ser utilizado para revelar cosas acerca del mundo que los psicólogos críticos utilizan en sus investigaciones. Lo que debemos tener en cuenta sin embargo, es que los números son en sí mismos interpretaciones del mundo y que son elementos en explicaciones que damos acerca de la acción y la experiencia (Parker, 2005).

5. ‘La psicología crítica no tiene nada que ofrecerle a las personas que sufren’
No. Un ejemplo significativo de una investigación acción efectiva en relación a la psiquiatría en Italia en los años setenta plantea preguntas importantes de cómo a veces tenemos que hacer algo más con el conocimiento que la investigación. En Trieste, el viejo hospital psiquiátrico de San Giovanni fue cerrado y reemplazado con centros de salud mental comunitaria como parte del movimiento de masas Psichiatria Democratica. Estos eventos inspiraron la publicación de la ‘revista para la psiquiatría democrática’ Asylum, en Inglaterra (www.asylumonline.net) y el surgimiento de una nueva ola de movimientos de resistencia en la salud mental durante la década de los noventa alrededor de la red ‘Hearing Voices’, grupos de personas que experimentaban lo que los psiquiatras denominan ‘alucinaciones auditivas’ (Romme y Escher, 1993). La red muestra que la experiencia de escuchar voces no es necesariamente un indicador de “esquizofrenia”, y que la etiqueta es una categoría médica confusa que no toma en cuenta el hecho de que muchas personas – que son profundamente religiosas, por ejemplo- escuchan voces y al mismo tiempo son capaces de resistirse a “adaptarse” a una sociedad enferma, de manera que encuentran maneras novedosas de vivir fuera de las etiquetas patologizantes (Blackman, 2001; James, 2001).
Esta red no se basó en una institución académica y el boletín de la  red de ‘Hearing Voices’ y la revista Asylum siempre incluyen ficción y poesía, pero los lazos con las universidades sí se convirtió en un recurso para desarrollar nuevas metodologías y nuevas maneras de pensar acerca de lo que la “teoría” es.  Un congreso llevado a cabo en la Manchester Metropolitan University en 1995, por ejemplo, juntó a usuarios de los servicios psiquiátricos, psiquiatras, psicólogos clínicos, chamanes y espiritualistas para presentar y discutir teorías acerca del fenómeno de escuchar voces (Parker y otros, 1995). Ese evento exigió repensar qué era el papel de la investigación y cómo las ideas psicológicas pueden ser adaptadas y utilizadas como una forma de investigación acción terapéutica. Es en este proceso que las personas se vinculan con actividades que traen cambio ‘psicológico’. Hay cosas mejores que los psicólogos podrían estar haciendo que el solo hecho de implementar la ‘psicología’. En Trieste, por ejemplo, los psicólogos se convirtieron en empleados del café y jardineros. Desde entonces, un desarrollo concreto, ha sido la creación de la “red de la paranoia” en 2003. Dos disciplinas, psicología y psiquiatría, han intentado tener el control del conocimiento en el último siglo y junto a otras disciplinas afines, ambas han mantenido un control en el centro de una densa red de teorías y prácticas que forman lo que se ha denominado el ‘psy-complex’ (Ingleby, 1985; Rose, 1985). El ‘psy-complex’ es un complejo contradictorio y lleno de conflictos, con psicólogos de distintas orientaciones discutiendo contra psiquiatras y psicoterapeutas; de esta manera el ‘psy-complex’ reproduce la incoherencia de la disciplina de la psicología. Los distintos componentes del ‘psy-complex’ sirven para observar y regular la conducta en dominios específicos del trabajo, en la medida en que los individuos caen bajo los dominios de cada una de estas autoridades estarán cruzados por las distintas demandas que cada uno de estos ‘expertos’ hace sobre su vida mental.
La paradoja es que aquellos profesionales en el ‘psy-complex’ que observan y regulan el pensamiento y la conducta –  que son a la vez los agentes de las mismas acciones que hacen que las personas se sientan observadas y vigiladas-  terminan sintiéndose atemorizados y suspicaces de lo que las personas ‘anormalmente’ paranoides pueden hacer en consecuencia. En el 2004, extendimos y reelaboramos nuestro experimento de evento académico y abrimos el espacio universitario para la ‘red de la paranoia’ para abrir un espacio que permita retar la autoridad de los “expertos” sobre la vida de los demás.
Una de las lecciones de este movimiento, que realiza investigación como parte de su acción política contra las prácticas abusivas y vejatorias de la psiquiatría y la psicología, es que las nociones del viejo paradigma de ‘hipótesis a probar’ y ‘grupos de control’ no funcionan en el mundo real. El movimiento está mutando a tal velocidad, aprendiendo de su propia experiencia, que sólo las aproximaciones críticas más novedosas terminan siendo relevantes (Burman, 2006).

5.   ‘La psicología crítica es europea’
No. Algunas de las expresiones críticas de la psicología de los E.E.U.U. mainstream proviene de la misma Norteamérica y proveen recursos para avivar la historia de las alternativas al positivismo (ver: Brown, 1973; Fox y Prilleltensky, 1997; Newman, 1991). La nueva ola de psicología crítica “europea” tomó de recursos teóricos de la Europa continental (por ejemplo, Henriques, Hollway, Urwin, Venn y Walkerdine, 1998) y algunos de nosotros hemos hecho conexiones con la tradición alemana de “psicología crítica” (ver: Tolman y Maiers, 1991).
Este recuento de “psicología crítica” está escrito desde el Reino Unido y, por supuesto, está marcado por cierta trayectoria histórica. Lo que hemos aprendido del fracaso de la farsa de la “objetividad” científica en la disciplina de la psicología es que cada registro, cada crítica, cargará con ella las suposiciones de cierto tiempo y lugar. Intentar disimular las contradicciones entre distintas modalidades de “psicología crítica” de distintas partes del mundo sólo servirían para homogenizar la ola nueva y diversa de actividad radical (ver: Dafermos y colaboradores, 2006). De forma que, hacemos dos cosas al desarrollar una perspectiva “crítica”, y en este punto tenemos una gran deuda con los debates feministas (por ejemplo, Harding, 1987). Primero, nos apropiamos de nuestra posición y la desarrollamos y argumentamos. Es crucial para el desarrollo del trabajo crítico en la psicología no sólo que acumulemos recursos para mostrar los errores, abusos y opresión de la psicología mainstream, sino también que logremos sostener nuestra posición política en un debate intenso, si bien cordial con nuestros compañeros “psicólogos críticos”. En ese debate, sería tan limitante y reduccionista como lo ha sido para la disciplina de la psicología ligar nuestras posiciones políticas a “identidades” o regiones geográficas del mundo. Nuestra lucha –representada aquí en este artículo de origen europeo- está diseñada para construir alianzas con aquéllos que trabajan dentro de los departamentos y servicios de psicología en todas partes del mundo. En segundo lugar, aprender de los lugares donde la lucha contra la psicología ha tenido que unirse a la lucha política. Lejos de ser “europea”, los avances más llamativos en pensar de manera metodológica contra el colonialismo han venido de Nueva Zelandia (por ejemplo, Tuhiwai Smith, 1999); los desarrollos más radicales de investigación acción han surgido de Latinoamérica (por ejemplo, Montero y Fernández Christlieb, 2003) y por largo rato, las mejores introducciones a la psicología crítica han provenido de Sur África (Hook, 2004).

Conclusiones
La lección principal que obtenemos de esta actividad también es aplicable a todo nuestro trabajo en la psicología. Los recuentos radicales que retan a la psicología mainstream sólo pueden ser elaborados en nuevas redes con nuevas modalidades de apoyo institucional. Los psicólogos tradicionales con demasiada frecuencia nos dicen que así son las cosas en el mundo, que así es la gente, que hay cosas que se pueden hacer y cosas que no, como si ellos lo supieran de antemano. Pero no lo saben. Y muchas de las personas a las que ellos les hacen cosas saben que ellos no saben. En vez de intentar resolver este problema como si fueran un problema interno, los psicólogos deberían hacer algo para reordenar los límites de la disciplina. El asesoramiento y la psicoterapia pueden por ende ser vistas como parte del mismo aparato disciplinario, ya que animan a las personas a hablar con expertos. La ciencia es sólo uno de los discursos del psy-complex, y refuerza el poder de los profesionales para persuadir a los individuos a hablar y reflexionar sobre ellos mismos y creer que esto es parte del proceso. La descripción de Foucault (1981) del psicoanálisis como una práctica discursiva que condensa todo lo que se se siente como peligroso en la sexualidad y luego hace que los pacientes hablen de eso para ‘liberarse’, como si fuese algo que está dentro de ellos, es otra metáfora poderosa de las maneras en que pensamos sobre el interior de nosotros mismos. Estamos ante un proceso histórico de individualización del malestar y de confesión que se ha intensificado. Es un proceso paralelo al incremento de la vigilancia y la “disciplina” en la sociedad (Foucault, 1977). Hace cuarenta años, por ejemplo, las columnas de consejo sentimental en Gran Bretaña tenían prescripciones como “si esta es tu emoción intenta erradicarla”. Ahora, somos invitados, incitados a hablar de las emociones escondidas adentro como un prerrequisito para ayudarnos a nosotros mismos (Furedi, 2003). Esto es el lado terapéutico del psy-complex que a menudo parecería ser una alternativa humanista progresiva a las aproximaciones positivistas de la disciplina. Ciertamente las perspectivas cuasi-terapéuticas humanistas son poco escuchadas en la disciplina, pero siempre están como la otra cara de la llamada psicología ‘científica’. Las contradicciones del psy-complex se hacen evidentes de nuevo, pero en este caso es una contradicción necesaria; el psy-complex es mecánico en la manera en que categoriza a las personas y, al mismo tiempo, incluye elementos humanísticos de manera que las personas son tentadas a hablar acerca de sí-mismos de una manera que otros psicólogos no-mecanicistas puedan entender. Es tentador voltear las versiones terapéuticas de la psicología como si fueran alternativas, pero realmente son una pieza de la arquitectura global del psy-complex. Y luego tenemos al psicoanálisis, que algunos psicólogos entienden como un caballo moribundo, que aún le queda algún respiro. Uno no debería subestimar la habilidad de los practicantes psicoanalíticos para volver al ruedo, y de hecho hay señales de que los argumentos psicoanalíticos están regresando a la investigación psicológica social (por ejemplo Holloway y Jefferson, 2000). La razón por la cual el trabajo de Foucault es tan valioso es porque provee de una serie muy distinta de argumentos contra el psicoanálisis de los propuestos por la psicología positivista (que erróneamente cree que hay evidencia empírica para apoyar o refutar la existencia de los fenómenos que Freud describió y que luego puede ser fácilmente descartada). Por eso es que no deberíamos intentar construir una “psicología alternativa” porque esto simplemente servirá para contrabandear de nuevo a la psicología radical las ideas reduccionistas y esencialistas y servirá para convertir a los radicales en psicólogos de nuevo (Parker, 2007). La psicología está construida con los horizontes de la sociedad capitalista para permitirle a la sociedad ser más eficiente y construye dentro de esa sociedad sus propias imágenes de patología. Parte de la actividad política de retar la construcción de la psicología es desenredar lo que hemos hecho con ella. El proceso de crítica es también un proceso de deconstrucción. Debe incluir una alianza política práctica con aquellos que sufren la psicología y que están comenzando a rechazar la manera en que han sido construidos como patológicos. Es una pregunta política que pide la deconstrucción práctica de las teorías y los aparatos de la disciplina de la psicología. Yo señalé al comienzo de este trabajo que nuestro punto de partida para la investigación psicológica crítica es la habilidad de los seres humanos de cambiar. Las aproximaciones tradicionales en la psicología estudiaron a los seres humanos como para intentar arreglarlos y sujetarlos en un lugar fijo. Cuando los psicó0logos interpretaban lo que las personas hacían, sujetaban las cosas como una manera de impedir el cambio. La psicología crítica es una manera de conectarse con el proceso de cambio y por ende, ser parte de un mundo cambiante. Es la única manera de desarrollar alternativas en y contra la psicología, como parte de una revolución en la subjetividad que necesitamos si vamos a lograr avanzar este proceso.

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1 Ian Parker coordina el Discourse Unit de Manchester Metropolitan University (http://www.discourseunit.com) y coordina la revista Annual Review of Critical Psychology.
[1]  Mainstream se refiere a las corrientes tradicionales que han sido dominantes en la discplina..